Pareja. Realidad y mitos

Mitos y Realidades

La base de la pareja está establecida sobre una trama desarrollada a partir de los sentimientos amorosos. Esa es su fortaleza, aunque también su debilidad.

Cuando se ama se cree que ese amor será continuo o por lo menos es lo que se anhela, e incluso aunque las personas no sean inocentes, en el sentido de creer en la eternidad de la pasión, tienen la secreta expectativa de alcanzar la continuidad del sentimiento amoroso. Este es, dicho en otras palabras, el ideal del amor romántico, especialmente dominante en el mundo occidental.

Este mito fundacional señala que cuando conoces a alguien y te enamoras, te unes a esa persona y, si el amor se sostiene, vivirán felices para siempre. La verdad es diferente, algunas parejas necesitan tiempo para conocerse en profundidad, otras tendrán que trabajar sobre ciertos temas conflictivos para armonizarse, y habrá quienes jamás tendrían que haber pensado en estar juntos.

Un segundo mito sostiene que todas las personas son capaces de constituirse en pareja y que ello se funda en una aptitud natural de los seres humanos. Lamentablemente esto tampoco es cierto, porque se requiere de una mínima capacidad aprendida de adaptación y tolerancia. Estar y permanecer en pareja depende de un aprendizaje básicamente emocional, a partir del que es posible el desarrollo de habilidades y capacidades específicas que facilitarán el proceso. Si estas no están presentes, el trabajo será arduo.

Estas habilidades y capacidades son las siguientes:

Habilidad para:

  • seleccionar una pareja adecuada. compleja combinación en-

    tre intuición y suerte.

  • regular cierto tipo de emociones (particularmente la rabia y el

    rencor).

  • llevarse bien o armónicamente con otra persona por un período extendido de tiempo.
  • sintonizarse con las emociones y necesidades afectivas de la otra persona.

    Capacidad para:

  • hacer del otro un legítimo otro en la convivencia, como afirmaba H, Maturana.
  • comprometerse en una relación íntima.
  • mantener un cierto grado de integridad personal que permita

    respetar los compromisos asumidos.

  • sostener cierta coherencia valórica.

    Y lo último pero no menos importante, capacidad y habilidad para amar a otra persona y manifestarle tal amor.

    Un tercer mito afirma que estar y permanecer en pareja es un signo de madurez emocional y social. Obviamente esto no se ajusta a la realidad, porque este hecho por sí mismo no es ninguna garantía de la anterior afirmación. Aquí aparecen dos teorías explicativas. Una primera que señala que las parejas se buscan por niveles de maduración emocional similares. La segunda en cambio sostiene que las personas se unen en pareja como modo de complementar las propias carencias. Lo cierto es que la capacidad para constituir una pareja permanente y monógama se vincula a determinadas estructuras de personalidad, a modelos relacionales provenientes de las familias de origen y a cierto grado de salud mental.

    La educación familiar afectiva es básica para entender cómo cada ser humano adquiere los recursos para relacionarse profunda o superficialmente con otro.

    Hay un modelo ideal al cual se acercan algunas familias y que facilita la emergencia del contacto íntimo y la comunicación acerca de los sucesos que afectan a la persona en su desarrollo. son familias que tocan, acarician, besan, ríen y lloran. Permiten espacios de confidencia y confianza. Educan afectiva, sentimentalmente y preparan para la conexión más cercana de una persona en su vida de adulto, la que se produce en la pareja. Las personas que logran establecer este nexo en forma rápida y armónica tienen una biografía similar. los otros pueden desembocar en situaciones de incomprensión mutua, lo anterior sucede porque las propias necesidades de afecto y comunicación se ubican en niveles diferentes. A menudo, sin saberlo, los miembros de la pareja hacen esfuerzos para transformar su matrimonio en una copia del de sus padres. o harán todo lo opuesto para evitar caer en situaciones negativas que han vivido o presenciado en el matrimonio de sus padres. Por ejemplo, si los papás de algún miembro del matrimonio son divorciados, este hecho puede engendrar en la persona una sobrerreacción en dos direcciones opuestas; es decir, puede aterrorizarse ante el divorcio y buscar los medios necesarios para mantener a toda costa el matrimonio; o, por el contrario, presentar una tendencia a divorciarse rápidamente como la forma más cómoda o fácil de enfrentar las dificultades de la vida en común.

  • Si alguien está habituado a un modelo de familia donde predomina el silencio emocional, esto es, la escasa o nula demostración explícita del cariño filial o fraternal a lo largo de la infancia y adolescencia, sumado a la certidumbre (también aprendida) de que los problemas muy personales se mantienen en reserva, esa persona se abrirá parcialmente al mundo de las relaciones amorosas. la entrega será limitada, acotada a ciertas formas de reacción fijadas en nuestro mundo inconsciente.

Entre los extremos que describí, considero que la mayor parte de las familias se ubican en un territorio intermedio, y aportan con mayores y menores restricciones aquellos elementos que facilitan la conexión íntima.

Las características individuales no son las únicas que permiten explicar el ajuste de la pareja, porque cada par de sujetos constituye una combinación única, capaz de extraer lo mejor y lo peor de cada uno. la dinámica de la relación de pareja produce interacciones en diferentes niveles, y exige de ambos miembros los cambios necesarios para armonizar las diferencias. Para ello parece evidente que la vida en pareja requiere de inteligencia emocional, principalmente en lo referido a la capacidad de sintonizarse con las emociones y necesidades afectivas de la otra persona. Esta capacidad no es un atributo genético y mucho menos una característica diferencial estructural entre mujeres y varones; es una habilidad que se aprende y desarrolla.

los investigadores han intentado a través del seguimiento de diferentes parejas, determinar los factores que permitirían realizar un ejercicio predictivo del futuro de un proyecto de unión.

Este desafío no deja de ser interesante, pero, como dije, el en- cuentro de una pareja adecuada depende de una compleja inte- racción entre intuición y suerte. Por otra parte lo que puede ser adecuado para hoy, puede no serlo para mañana, porque las per- sonas cambian en sus necesidades y demandas. si dos jóvenes deciden convivir con plena conciencia de la posible transitorie- dad de esa unión, el nexo principal puede ser el placer de estar juntos, el sexo o la capacidad de entretenerse. no se complican demasiado pensando sobre el futuro de ese encuentro; se aman y disfrutan la compañía.

Esta escena parece completamente diferente de otra en que los protagonistas vienen de varias relaciones frustradas y apuestan con ansiedad a que en algún lugar encontrarán la persona adecuada.

Está claro que los sujetos con similitudes de edad, religión, es- tatus socioeconómico, pertenecientes a grupos culturales pareci- dos e identificados con cierto tipo de creencias y valores tienen mayores posibilidades de elegirse y sostener una pareja a través del tiempo, que aquellos otros que no los poseen.

Pero esto tampoco es una garantía, porque si así fuese, las personas debieran confeccionar un check list, como el que usan los pilotos de aviones, donde se enumeran una a una las condiciones técnicas para un vuelo sin riesgos. En este caso esa lista tendría que contener todas las características deseables del sujeto buscado. En cierto modo esto es lo que hacen las agencias matrimoniales, presentar gente que se supone tiene más elementos en común

que otros candidatos. del mismo modo se producen los encuentros virtuales a través de los sitios que proclaman: “Encuentra al amor de tu vida”,“Encuentra a tu alma gemela”.

Ignoro la tasa de éxitos de estos cruces diseñados por compu- tador, entre otras cosas porque la lista de lo que se desea en una posible pareja nunca es totalmente transparente ya que se define a partir de elementos conscientes e inconscientes. los segundos son misteriosos e intranquilizantes si se adhiere a la teoría que afirma que las personas se buscan para completar inconsciente- mente sus propias carencias a través de un otro.

si se acepta que actividades preferidas, creencias, valores básicos y supuestos sobre cómo deben ser los comportamientos de la pareja en la vida erótica y sexual, serán los factores responsables de que dos personas se sientan atraídas y puedan mantener una relación prolongada, es necesario precisar que estas coincidencias deben mantenerse en el tiempo para que sigan siendo válidas.

La mayor parte de las rupturas se producen cuando esos factores comunes dejan de serlo.

La vida en pareja se sustenta sobre nueve pilares que en forma amplia iremos revisando posteriormente:

  • amor.
  • compromiso.
  • continuidad.
  • cotidianeidad.
  • fidelidad.
  • Intimidad
  • Proyecto vital compartido.
  • relaciones sexuales.
  • satisfacción.
  • por Roberto Rosenzvaig