Celos

No te amo, amo los celos que te tengo
son lo único tuyo que me queda,
los celos y la rabia que te tengo,
hidrófobo de ti me ahogo en vino.

No te amo, amo mis celos, esos celos
son lo único que me queda.
Cuando desaparezca en esos cielos
de odio te ladraré porque no vienes.

Armando Uribe Arce

La mayor parte de las personas reconoce manifestar celos en grados variables, para algunos o algunas están mucho más marcados que para otras, e incluso han perturbado o puesto en riesgo el equilibrio de una relación de pareja pasada o presente.

Los celos representan la más ambivalente y contradictoria de las pasiones humanas, porque simultáneamente expresan posesividad, egoísmo, tensión, intolerancia junto con interés, amor, cuidado, pasión. Los celos son una respuesta a lo que se percibe como una amenaza que se cierne sobre una relación considerada valiosa o sobre su calidad. En los extremos parecen ser fenómenos tan diferentes que parece difícil pensarlos como parte de un mismo dominio, porque ¿donde se establece el nexo entre la locura de la celotipia infundada y la desesperación romántica por el desplazamiento del interés del ser amado sobre otra persona? Hay una cierta relación, por los procesos psicológicos involucrados, pero creo que habría que considerarlos como dos expresiones profundamente distintas, tanto por los pensamientos y las emociones involucradas, como por los efectos que producen. En el primer caso conducen inexorablemente a la destrucción del vínculo, en el segundo a un llamado de atención, de alerta o a la renovación del interés.

La Literatura nos brinda un ejemplo definitivo en el irracional Otelo, que dejándose llevar por las insidias del pérfido Yago termina asesinando a su entrañable amor Desdémona. El delirio que lo lleva al asesinato se llamaría hoy en términos científicos celotipia, situación límite que lleva a un sujeto, varón o mujer, a una cerrada obsesión, que no conoce de remisiones clínicas, y que en su extremo patológico puede conducir al deseo de castigar al otro hasta la muerte. Afortunadamente no todos lo celosos crónicos llegarán a ser homicidas.

Por su lado, el inmortal Puccini mostró como los torturantes celos de Tosca (que le da nombre a su conocida ópera) culminan llevando a la muerte a su amado Mario.

Sin embargo, aquí aparece un sesgo por el género, los celos agresivos, injustificados y violentos se presentan en forma mayoritaria entre los varones como expresión de la masculinidad más arcaica, aquella que se sintetiza en las pulsiones primitivas: comer, matar y fornicar.

En términos generales los hombres son más proclives a ser desconfiados, posesivos y violentos que las mujeres, por ello es que manifiestan más a menudo un comportamiento descontrolado cuando creen o sospechan que su pareja está interesada en otra persona.

 

La novela de los celos.

Esta novela abreva de dos fuentes: la cultural y la personal, porque la sociedad en la que vivimos establece ciertas condiciones en las que “normalmente” se espera una reacción de celos y también traza las líneas de los comportamientos socialmente tolerados dentro de la reacción.

Sin embargo las señales para dudar del otro son completamente subjetivas y se vinculan con la capacidad de confianza, para algunos basta una mirada captada al azar, una conversación interesada, o ser objeto de atención (a veces simplemente cordial) para que se dispare la reacción. En ocasiones ni siquiera se hace necesaria la presencia de otra persona; porque el celoso ata cabos, establece relaciones, compara horarios, controla las relaciones sociales Siempre se lo ve alerta para detectar lo que él o ella imaginan como indudable, esto es, que se lo está engañando; esta presunción opera como un patrón irracional sobre el que no actúan los llamados al sentido común o los argumentos en contra, propios o ajenos. Es sumamente corriente que las personas celosas se arrepientan y juren por lo más sagrado, ¡que nunca más! Volverán a repetir escenas escandalosas o violentas, pero su decisión es tan efímera como su confianza, y lo más probable es que la acción se reitere.

Estas conductas no pertenecen exclusivamente al dominio masculino, hay mujeres que también enceguecen de celos y son capaces de desencadenar virulentas escenas frente a su pareja, cuando creen haber sorprendido al otro en un comportamiento errado.

Los celosos están atrapados en una narración que tiene un final definido y esperado. No persiguen la verdad sino la confirmación de lo que creen saber de antemano.

Los celos están presentes en las interacciones de las parejas con las que convivimos diariamente, en nuestra vida social y en la práctica profesional psicológica.

El origen de la palabra proviene del griego zelos, derivada de zeo, “yo hiervo”. De acuerdo con el diccionario, el término da cuenta de la inquietud y la envidia producida por la relación afectiva de la persona amada con otras personas.

Es un conjunto de reacciones ante una posible amenaza –real o imaginada- a una relación valorada o a su calidad.

Se considera que los celos son sentimientos displacenteros que expresan el temor a la pérdida de la pareja o el desagrado frente a una experiencia real o imaginaria referida a la experiencia emocional que su pareja ha tenido o tenga con una tercera persona. Tales experiencias evocan facetas diferentes de los celos: enojo, rabia, humillación, ansiedad, tristeza, depresión.

Se cree también que los celos constituyen un estado emocional provocado ante la percepción de una amenaza a una relación valorada por el sujeto; tal percepción activa comportamientos para eliminarla. Los celos son denominados sexuales si las relaciones amenazadas también lo son. En esta línea de análisis, sentirse celoso constituye una experiencia episódica, no una aflicción permanente, originada frente a pérdidas posibles y supone determinados modos de reaccionar. (Acciones).

Los sentimientos de celos sexuales incorporan dos ingredientes básicos: a) el temor a la pérdida de un vínculo afectivo sexual de pareja, b) la presencia de una tercera persona (real o imaginaria) que pone en peligro ese vínculo.

¿Atávicos o culturales?

Es interesante pensar si los celos pueden considerarse una conducta atávica propia de la evolución de la especie humana o una reacción emocional culturalmente determinada. ¿Son útiles o deben considerarse una pesada herencia basada en la posesividad y la demanda de exclusividad sexual?

Para entender los celos se requiere comprender los elementos de posesividad, de control y el sentido de propiedad que ellos expresan. Se cela lo que se estima y entiende como propio y se lo protege de la codicia ajena, real o supuesta.

Algunas teorías señalan que los celos son signos de inseguridad, neurosis o indicadores de un carácter débil, sin embargo parece que los hombres y mujeres carentes de celos fueron desplazados en la carrera evolutiva por rivales con una sensibilidad acrecentada y apasionada. En verdad, como dice David Buss, somos todos descendientes de una larga línea de ancestros que poseían esa peligrosa pasión.

Los celos de acuerdo con esta teoría son una adaptación, que en el lenguaje de la psicología evolucionista representa un desarrollo positivo en el recurrente problema de la supervivencia y la reproducción.

El tema dominante para los hombres ancestrales reside en su capacidad para fecundar y tener la certeza de que la descendencia les pertenece, pues en caso contrario su continuidad genética se vería perturbada, en tanto que las mujeres deben asegurar la inversión de su pareja a largo plazo, para sustentar la vida y la crianza de un hijo. Los hombres que desarrollaron mecanismos de sensibilidad frente a la infidelidad sexual adquirieron ventajas sobre aquellos indiferentes. Las mujeres que registraron las posibles desviaciones del compromiso paternal y del sustento de la pareja también sumaron ventajas.

Para ambos la relación es aceptada como valiosa y por consecuencia reaccionarán con un estado emocional específico conocido como celos frente a cualquier intervención externa sentida como amenazadora.

Experienciando los celos

En la experiencia de la emoción de celos hay elementos que la hacen más intensa. En primer lugar la condición y caracterización de la persona que se constituye en una amenaza; no cualquiera tiene la capacidad de generar esta reacción. Cuantos más atributos (reales o fantaseados) se le asignen al rival más riesgo produce, cuanto más intimidad o cercanía se presenta también mayor es la percepción de riesgo.

El celoso tiende a investir al rival de las características propias de las cuales dudan o carecen y de aquellas que envidia.

Aspecto físico, seducción, signos exteriores de éxito y tantos otros atributos que potencian la reacción.

La tensión se produce entre la certidumbre de que hay un ser deseado por la pareja y la percepción de que uno no es ese ser en forma completa. Por eso es que el argumento central que justifica los celos se construye desde una narración propia, que a veces nada tiene que ver con las expectativas reales de la propia pareja.

Se dirá que esto es irracional y antojadizo y que bastaría conocer las necesidades satisfechas e insatisfechas del otro para modificar este guión; sin embargo las ideas y certidumbres del que padece los celos poco tienen que ver con la racionalidad. La historia que construye se siente y piensa como absolutamente cierta.

¿Pero que sucede cuando el o la rival tiene atributos reconocidos como evidentemente inferiores a los estándares físicos, culturales o socioeconómicos? Aquí los celos adquieren un contenido rabioso, al tiempo que la autoestima sufre un duro golpe.

Si se lo piensa no es incongruente, porque uno estaría más dispuesto a entender el interés por alguien que otros admiran, envidan o desean, pero difícilmente cuando el elegido por el ser amado es notablemente inferior a la visión que tenemos de nosotros mismos.

Los celos son extraños, porque no solo se limitan al presente, hay personas que son capaces de experimentar fuertes celos retrospectivos cuando recuerdan hechos, escenas o experiencias del pasado. Esto podría ser entendido a pesar del paso del tiempo y de la falta de actualidad de la experiencia, si acaso la persona hubiese estado involucrada y por ello padecido, sin embargo también ocurre que estos celos se producen en torno a momentos de la vida, en que estas dos personas ni siquiera se conocían. Los celos por las ex parejas son un ejemplo de esta reacción. Una terapia paradigmática que recuerdo da cuenta de este estilo:

Comenzamos las entrevistas con José (41 años), con un motivo específico, la angustia que le producía el pasado de su mujer.

-Yo miro mi pasado y el pasado de mi mujer, no puedo dejar de pensar y mirar, eso es lo que me produce dolor y conflicto.

Ambos, él y su mujer, tenían un pasado complejo en términos de las experiencias por las que habían transitado, pero la diferencia profunda estaba en el tipo de historia. Para ella lo demarcatorio había sido una experiencia traumática de abuso reiterado durante su adolescencia de la cual había salido por sí misma, sin relatarle a nadie y sin pedir ayuda.

Para él, en cambio, el trauma provenía de un escándalo sexual en el que se había visto involucrado con una alumna de la escuela técnica en la que hacía clases.

-Fue el dolor más profundo de mi vida; ella era menor, pero yo la amé. Fui estigmatizado y tuve que cambiar de actividad.

Cuando conoció a su actual mujer su vida emocional empezó a reorganizarse; se relataron ambos su pasado, sus pesares, sus traumas. No se ocultaron nada, ese fue su pacto y también la razón del conflicto, porque José entendió y asimiló la experiencia traumática de su esposa sin sancionarla, tanto como ella lo hizo con la de él. Sin embargo lo que lo obsesionó fue el negativo de su propia historia, porque el primer amor que ella había tenido, su pareja más significativa fue con un hombre casado. Esa relación duró cerca de cuatro años.

Esta revelación instaló en José poderosos celos retrospectivos, la sancionó y condenó.

-Se me cayó al suelo la idealización que sentía por ella.

La sanción moral se proyectó en una mirada obsesiva sobre los comportamientos de su esposa, en una calificación de lo que era adecuado y correcto, y como ella no tenía ninguna intención de aceptar sus controles ello generaba distanciamiento y discusiones.

Más de una vez he escuchado a pacientes quejarse con amargura de una apresurada confesión sobre eventos amorosos pasados, realizada con algo de inconsciencia en el principio de una relación y que después, cuando esta se consolida aparece como un lastre.

No pretendo producir un debate –poco útil por lo demás- sobre lo que debe y no debe ser dicho sobre la propia vida a un otro, el que podría juzgar con sus propios criterios morales lo revelado; eso sería caer en un facilismo utilitario del tipo: ¡Cuidado, todo lo que digas puede ser usado en tu contra! Ni tampoco afirmar rígidamente: Di la verdad, nada más que la verdad y solamente la verdad.

Lo que deseo dejar en claro es que la mente individual, en conexión con sus experiencias, acomoda en forma especial cualquier contenido y le otorga sentidos diferentes. Cuando se cuente un hecho del pasado, hay que tener en cuenta que lo que parece algo superado para uno, puede generar en el otro un torrente de emociones. Hay ciertas áreas especialmente sensibles, entre ellas están las experiencias sexuales. Por lo demás, el pasado nunca se entierra, ni nada se olvida en forma absoluta, permanece en algún lugar, y puede ser actualizado. Esto es especialmente cierto en el caso de los celosos, capaces de imaginar múltiples escenas de las que solo tienen elementos sueltos, pero que pueden combinar en historias que con el paso del tiempo se hacen cada vez más consistentes.

Las fantasías negativas, como las que obsesionaban a Iván, pueden destruir lentamente un buen encuentro amoroso. El y su pareja consultaron después de tres años de matrimonio. El problema radicaba en que paulatinamente Iván se estaba enredando en comparaciones constantes entre él mismo y el ex marido de Carolina.

Aunque ella le bajara el perfil a la historia: porque como decía “no es que mi ex haya sido tan especial, por el contrario era más bien fome”, Iván insistía.

El punto de conflicto llegó cuando en plena relación sexual, el comenzó a pasarse “rollos” acerca de los recuerdos de Carolina con su ex marido, lo que le producía desconexión y ansiedad.

El perro del hortelano.

La leyenda de esta narración, por todos conocida, se centra en aquellos que no comen ni dejan comer. En este caso lo que predomina es el rencor; es probable que todos los signos presentes en esa pareja los muestre distantes, desafectivizados, sin vida sexual; sin embargo uno de los dos se obsesiona en controlar las acciones del otro, particularmente aquellas que demuestran interés por otra persona.

“Si yo no soy feliz, tu tampoco lo serás”

El ejemplo más acabado de este estilo, donde se combinan la obsesión, los celos retrospectivos y el resentimiento, lo brindaba una paciente de 31 años, casada hacía ocho.

Cuando consultaron en pareja, Valeska definió su relación como fraternal.

-Entre nosotros no pasa nada atractivo. Tenemos relaciones de tanto en tanto como por hábito.

Valeska aparecía como una mujer dominante y terca, las decisiones familiares relevantes pasaban por ella. Siempre había actuado de esa manera, inclusive con su familia de origen donde nada se hacía sin su aprobación explícita.

Para Paulo no había opciones:

-O acato lo que dice o la enfrento, pero no puedo hacerlo, así que me callo y me meto para adentro.

Que mejor definición para entender lo que representa una posición pasivo agresiva, la rabia contenida y el resentimiento también marcaban las emociones de Paulo, lo que se reflejaba en su mayor distanciamiento afectivo.

En la vida de esta pareja existió una experiencia que marcó un antes y un después en la relación. La despedida de soltero de Paulo, en la que supuestamente él había mantenido relaciones sexuales con una “bailarina erótica”. Nunca se supo como ella accedió a esta información supuestamente verdadera que por supuesto él negó siempre.

Según Valeska “algo se quebró”:-Perdí tolerancia y amor por la falta de lealtad.

Los reproches por esa traición se hicieron una constante en la vida de ambos, ella parecía alerta y preparada para detectar señales; cada vez que ambos concurrían a un evento social se generaba una escena conflictiva por la atención que-según ella- el brindaba a otras mujeres.

Ante situaciones tan cerradas, surge la pregunta: ¿Por qué continúan en esa relación tan dañina para los dos? La lógica del sentido común no ofrece respuestas, la explicación de un lazo que persiste para cobrar una ofensa que nunca será saldada se inscribe en la dinámica de un resentimiento inagotable. Cada vez que Paulo intentaba salir de la relación, ella lo acusaba por su falta de compromiso, por su ausencia de amor. La culpa y la pasividad lo paralizaban y el ciclo se reiniciaba.

Ráfaga de celos

Tiene tres elementos es una reacción inusual e inhabitual, es extrema, implica una pérdida de control y deja una sensación de ataque de locura transitoria.

Se puede entender desde el punto de vista neurofisiológico, como una información que pasa directamente desde el tálamo a los centros cerebrales responsables de la expresión emocional sin ningún tipo de censura racional.

Es una respuesta directa, automática y visceral, que lleva a la actuación explosiva y a fenómenos expresivos, como el llanto, los gritos, los insultos y hasta gestos brutales.

-Yo he tratado casi todo para adquirir algo de control sobre la forma que reacciono, pero nada resulta, no creo que pueda vivir mucho más con este dolor.

Una mujer recientemente separada, se enteró de que su marido había comenzado a salir con su mejor amiga, a partir de este momento comenzó a tener fantasías intermitentes en las que se veía armada de un enorme martillo con el destrozaba todos los enseres, muebles y vidrios del departamento de su amiga.

Aunque para la mayor parte de nosotros estas emociones negativas de dolor y angustia no atraviesan los límites hacia las acciones violentas.

Pero cualquiera que haya experimentado celos intensos está bien consciente de su tremendo poder destructivo.

Reacciones emocionales frente a la exclusión: Frecuentemente las personas responden con resentimiento, rabia, hostilidad, frialdad, aislamiento, susceptibilidad, pero sin embargo el sentimiento predominante responde al hecho de haber sido dejados de lado, excluidos, apartados de un centro de atención afectiva. Prevalece la tristeza sobre las reacciones hostiles.

Celos románticos

La palabra “romántico”, evoca de inmediato al amor apasionado, pero en la misma base de este amor se encuentra su perdición, porque se lo siente eterno e inmutable. Todo cambio al ideal original se visualiza como pérdida

El amor apasionado es fusional, único e irrepetible. Mítico.

La realidad de las relaciones, la vida cotidiana con sus múltiples desafíos implica espacios de acción diferenciados para los participantes de la pareja. En esos espacios están los otros y otras que pueden constituirse en una amenaza potencial. Aquí se anidan los celos.

Muchos describen estos celos como extremadamente dolorosos, un sentimiento loco. Alimentados por la ansiedad de la pérdida de la situación amorosa idealizada.

El amante romántico necesita creer que es único e irremplazable. Sin embargo la dolorosa realidad es que todos somos de algún modo reemplazables, porque fuimos educados en una cultura donde se juegan roles más o menos definidos. Roles que deben saber ser jugados de acuerdo a las reglas y expectativas.

Rol de novia, amante, esposa, madre, amiga. Si en el camino de la pareja alguno de los dos comienza a desistir de su rol, puede aparecer un suplente deseoso de continuar la tarea.

La imagen de ese suplente lleno de atributos de los cuales uno repentinamente carece es el más horrible fantasma de los celos románticos.

En la vida actual de las parejas tanto los celos excesivos como la ausencia de los mismos son situaciones de riesgo. En una pareja, que recuerdo claramente a pesar del paso de los años, el conflicto surgió cuando la esposa descubrió las numerosas infidelidades que el había producido en el último año. Sin buscar excusas por lo que había sucedido, el relataba que en el principio solo había practicado juegos de seducción, muchas veces en presencia de su esposa, con la secreta esperanza de que ella les pusiese límite.

Su ausencia completa de celos fue traducido por el como un evidente desinterés en lo que hacía o como un permiso tácito para seguir adelante.

Los celos nos sirven para mantener a distancia a posibles rivales a través de señales verbales, visuales o gestuales. Nos lleva a prestar atención hacia las actitudes que tiene nuestra pareja con otras personas, pero también es un mensaje que representa interés, compromiso y advertencia ante actitudes de debilidad o excesivo despliegue seductor ante otros. No siempre son rechazados, sino que producen cierto placer secreto porque nos reafirman en el amor que la otra persona siente por nosotros.

En este sentido los celos sirven para mantener la pasión.

Unos días atrás escuche que un amigo decía –Yo no soy celoso, pero si alguien se acerca a él con intenciones seductoras, me pongo a su lado y le planto un beso en la boca ¡Ese es mi territorio y no lo comparto!-

Los celos son y han sido parte de nuestra sabiduría emocional, el desafío, como para casi todo el conjunto de las respuestas emocionales reside en la modulación de las mismas.

Son extremadamente frecuentes: diferentes investigaciones concuerdan en que el 40% de los sujetos afirma haber experimentado celos injustificados en algún momento de su vida, y el 46% los vieron como inevitables cuando una persona ama de verdad a otra. Sólo un 30% se declaró inmune a los celos.

Cada pareja construye el vínculo que los une desde sus propias experiencias y sus específicas características personales, pero además desde los códigos que les demuestran la calidad del contacto, esas conexiones profundas establecen el carácter de los celos que ellos experimentan.

En el curso de una terapia suelo proponerles a los pacientes que piensen en aquella primera vez en que conocieron a su actual pareja y les pido que traten de recordar de la mejor manera que puedan las cosas que sintieron:

¿Qué es lo que más los atrajo? ¿Qué los llevó a pensar que esa persona, a diferencia de otras, podría ser su pareja? ¿Qué es lo más importante que esa pareja trajo a su vida? Seguridad, pasión, atención, respeto. Tal vez ser adorada y deseada, o quizás interrumpió un ciclo de dolorosa soledad.

Después les pido que vuelvan al presente y consideren el componente primario de sus celos, los pensamientos y sentimientos más dolorosos asociados con sus celos o los de su pareja. Les pregunto entonces si son acaso esos pensamientos y sentimientos los que los hacen sentir el miedo a ser abandonados, o acaso humillados y afectados en su autoestima.

Piensen entonces –les sugiero- si puede haber alguna conexión entre las cosas que la relación les otorgó inicialmente y los componentes primarios de sus celos.

¿Por qué es tan importante esa conexión entre el pasado y el presente para entender y trabajar el núcleo de los celos? Claramente porque los celos crecen como el negativo del amor, su lado B, y esto sucede cuando los sentimientos iniciales se debilitan y de alguna manera alguien se siente defraudado.

De la confianza al control.

Todos o casi todos ejercemos algún tipo de acción posesiva sobre nuestras parejas, algún tipo de control sobre sus acciones, sin embargo el conflicto se establece cuando el control y la posesividad apuntan a anular la vida independiente de la otra persona. De la confianza inicial, donde la independencia no ataca al vínculo sino que lo fortalece, se pasa a la vigilancia de las acciones de la otra persona.

Esta es una situación clásica que se presenta en esas parejas donde las relaciones jerárquicas son la norma de convivencia. La historia es repetida: un hombre dominante, generalmente exitoso en lo económico, junto a una mujer que voluntariamente eligió ser la base de apoyo logística de ese progreso unilateral. Todo funciona en forma aparentemente armónica, hasta que un día a esa mujer se le ocurre que está un poco aburrida de las rutinas familiares y que desea un poco de aire fresco. El marido, magnánimamente, apoya el desarrollo personal de su querida esposa, con una condición interna no revelada. Todo es posible siempre y cuando no afecte ese sistema consolidado con los años. Si ella se entusiasma demasiado y comienza a percibir escenarios y posibilidades personales antes ignoradas, lo más probable es que el disgusto primero y la sospecha después, lleven al amable caballero a convertirse en un desagradable vigilante de las acciones de su esposa. Estos celos no son sexuales, sino que se refieren a un mundo externo que se transforma en un enemigo activo del sistema anterior.

Otra situación clásica que afecta a las mujeres, sucede cuando por diferentes razones se ve afectada la continuidad placentera de las relaciones sexuales. El deseo se ausenta y la intimidad se resiente. Sin duda que este es un problema compartido, pero en lugar de mirar hacia el interior de la relación y encontrar allí las razones del distanciamiento, muchas personas se vuelven suspicaces, crece la desconfianza y se autoconvencen de que “alguien” está produciendo el desplazamiento del interés.

 Manejando los celos

Los celosos creen que sus celos protegen el amor. Pero como habría de protegerlo si lo desconocen. El amor que el celoso protege esta en su imaginación y es frágil e inconexo. Si el celoso duda, restringe su fe y en lugar de hacer crecer el vínculo paradojalmente lo corroe. Creemos en su buena fe y en sus intenciones, pero lo que verdaderamente desconoce es la fuente de su inseguridad. No se fortalece un vínculo atacándolo sino aumentando sus bases de sustentación. Si los celos representan un reconocimiento de la debilitación de la pareja, representan asimismo una oportunidad de cambio.

¿Cómo diferenciar los celos patológicos de aquellos que perturban la vida de las personas, pero son finalmente manejables?

Esta diferencia puede ser aclarada respondiendo algunas preguntas:

¿Son los celos un síntoma de un trastorno psicológico de base, por ejemplo un trastorno obsesivo compulsivo?

¿Son las creencias acerca de los posibles rivales amorosos o de la infidelidad de la pareja obviamente infundadas, irracionales o claramente diferentes de los acuerdos sociales vigentes a cerca de las posibilidades y libertades de cada uno?

¿Son las respuestas celosas fácilmente gatilladas por circunstancias menores, demasiado intensas o se producen a vista y presencia de cualquiera?

¿Son los celos un generador de deseos sexuales intensos o adrenalínicos?

¿Producen estos celos una reacción de intenso sufrimiento personal?

¿Perturban la vida cotidiana?

¿Estos accesos de celos conducen con facilidad a actitudes o gestos de descalificación o violencia?

Cuántas más preguntas sean respondidas afirmativamente, más se acercan estas personas a los celos patológicos.

En ellos y ellas el descontrol se sitúa como rasgo principal, pierden la cabeza, se obnubilan, parecen poseídos por una especie de espíritu maligno que los lleva rápidamente a olvidar los argumentos y pasar a la acción. Son capaces de arrojar, romper, desgarrar o quemar objetos, ropa, o propiedades apreciadas por el o la otra. Empujan, zamarrean, gritan. Son como un oleaje intermitente que de pronto se detiene para seguir con más intensidad. En el límite pueden herir seriamente a la otra persona, la mayor parte de los femicidios son ejecutados por hombres que habían protagonizado con anterioridad escenas de este tipo.

Afortunadamente la mayor parte de las celosas y celosos extremos no llegan a este punto y son o pueden ser beneficiados a través de la ayuda profesional.

Estrategias de cambio.

Hay dos tipos de celosos: los que los que miran las imperfecciones de la relación o de sí mismo, y encuentran allí las razones que justifican la atracción que la pareja puede tener por otros, y los que declaran una absoluta incomprensión por las razones que inclinan a la pareja hacia otros. El primer grupo parece más apto para promover cambios que modifiquen su percepción y su desconfianza, en los segundos su narcisismo actúa como una barrera que les impide entender como es posible esa situación.

Existen diferentes tipo de acciones para trabajar los celos, las primeras son de tipo general y buscan modificaciones en el sujeto o en el vínculo, para que a través de ellas mejore la calidad de la relación de pareja.

  • Reconocer el peso que los conflictos con la propia autoestima pudieran tener en la posesividad y el control que el celoso ejerce sobre la otra persona.
  • Reconocer las dinámicas y los guiones involucrados en la aparición de la escena de celos.
  • Mejoramiento de la relación primaria. El celoso, por regla general, ve negativamente o negativiza el contexto de la relación de pareja, expresa insatisfacción, se siente poco atendido, valorado o deseado.

Si se conduce a esta persona a realizar actividades valoradas por la pareja, a ser más atractiva/o físicamente, a disfrutar de actividades en conjunto. Es decir a aumentar la sensación de interés creciente por parte de su pareja, correlativamente disminuyen las tensiones negativas.

El objetivo reside en reforzar los atractivos de la relación primaria para que a través de ellos disminuya el fantasma de la opción externa.

  • Favorecer el diálogo sobre aquellas circunstancias que producen conflicto o tensiones.
  • Aumentar el compromiso y favorecer la intimidad.

 A través del reconocimiento los signos de los celos románticos, dándose cuenta de que sentimientos son adecuados e inadecuados, y a través de la reexaminación de las raíces de nuestros sentimientos, es posible aprender a controlar las manifestaciones y los padecimientos de los celos.

Un segundo tipo de intervenciones terapéuticas se realiza cuando las manifestaciones de celos se escapan de un razonable control. En este caso diseñamos un programa específico por pasos.

El objetivo del tratamiento consistirá en que el paciente sea consciente de la irracionalidad de sus pensamientos, a la vez que aprende estrategias para eliminarlos y controlar las emociones y su comportamiento.

En la base se busca que la persona deje de esgrimir justificaciones y excusas para legitimizar sus celos.

Se trabaja sobre los rituales de control.

Sobre la ansiedad suscitada por las fantasías de pérdida de la relación o el engaño.

Sobre el control de la agresividad.

Para terminar el artículo dejo algunas sugerencias:

Secretos para vivir o modificar a un celoso(a)

1° Los celos son comunes; no los considere siempre una
enfermedad.
2° Dígale que no hay nada malo en admirar a otros.
3° No tome en serio sus escenas, recriminaciones o
acusaciones.
4° Demuéstrele que los celos sólo los distancian y
dañan.
5° Los celos son irracionales; no pierda tiempo
tratando que entienda razones.
6° Enséñele que los celos son signo de inseguridad y
no amor.
7° Hágale ver que los celos son una obsesión.
8° Frente a una escena, no dé explicaciones.
9° Nunca crea en su arrepentimiento.
10° Si su pareja nunca ha sentido celos, preocúpese…
quizás está más interesado en sí mismo que en la
relación.