Amor y Enamoramiento

Amor y Enamoramiento

Amor y Enamoramiento
Amor y Enamoramiento

Cambia, todo cambia.

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

 

Amor y Enamoramiento
Amor y Enamoramiento

Este es la primera estrofa de una canción compuesta por la cantante argentina Mercedes Sosa, y lo que afirma es rigurosamente cierto tanto desde la perspectiva biológica como social y cultural. Si los organismos vivos no cambian simplemente desaparecen.

Cada vez que me “enfrento” con una pareja en crisis percibo con claridad que no han podido o no han querido reconocer los cambios necesarios para evolucionar en forma conjunta, especialmente cuando surge el tema del amor.

Dos personas pueden conocerse en diferentes circunstancias. Supongamos en este ejemplo que se trata de adultos jóvenes que han tenido distintas experiencias, algunas esporádicas y otras más relevantes y que están abiertos a experimentar algo “especial” con alguien “especial”, es decir que están dispuestos a enamorarse, pero para que ese sentimiento florezca deben generarse ciertas condiciones mínimas: atracción física, complementariedad, proximidad, deseo de permanencia junto al otro. Aún cuando es posible que algunas personas lleguen a enamorarse sin que necesariamente se cumplan todos estos requisitos, también es cierto que es difícil enamorarse de quien, por una u otra razón, te produce desagrado. Sin embargo esta lista tan “racional” no da cuenta de otro fenómeno al que se ha dado en llamar enamoramiento.

¿Quién no ha experimentado alguna vez las maravillosas sensaciones que acompañan al descubrimiento amoroso? Esas inolvidables emociones que se localizan en todo el cuerpo: en la garganta anudada, la respiración entrecortada, el corazón palpitante y desbocado, las ideas confusas.

Desde un punto de vista empírico este conjunto de reacciones no es más que la consecuencia de una especie de tormenta cerebral, desordenada y caótica, mientras que desde un punto de vista poético es el eje de partida de lo más humano entre las cosas humanas.

La palabra enamoramiento debiera ser reemplazada (sólo por un afán de precisión) por otra expresión de raíces más descriptivas, como embeleso o fascinación, porque en verdad poco tiene que ver con el amor como sentimiento, sino más bien con la atracción intensa y con las reacciones psicofisológicas que la acompañan. Culturalmente, nos hemos acostumbrado a aceptar que toda relación amorosa se inicie de esa manera, intensa y visceral, y que sobre este prólogo se enlacen luego emociones más tiernas y sutiles. De ese modo enamoramiento y amor parecen ser partes de un continuo, y que donde uno termina seguiría el otro.

Sin embargo, quisiera plantear al embeleso y al amor como dos fenómenos diferentes, como dos modos de vínculo que expresan distintas expectativas con respecto al otro y que de modo alguno garantizan la continuidad del vínculo.

Bien por el contrario, las personas que pretenden mantener ese nivel encuentran difícil sostener la exaltación permanente que caracteriza a los primeros momentos del encuentro.

¿Quién podría sostener el estado que describe el inmortal Romeo?

 

“Loco, no; pero más atado que un loco, aprisionado, falto de mi sustento, azotado y atormentado”

Amor y Enamoramiento
Amor y Enamoramiento

Existen seres que buscan a través de su vida esos estados como paradigma del goce amoroso, y saltan de una relación a otra dejando en el camino los corazones heridos de los ingenuos que creyeron que tanta pasión podría continuar.

Otros se resisten a vivir esas experiencias, porque temen perder el control de sus emociones o se resisten a tomar consciencia de ellas, prefieren entonces relaciones mas equilibradas y seguras.

Entre estos dos grupos, existe un tercero que tal vez compongan la mayoría de los mortales, que recordará con nostalgia a aquella mujer o a ese hombre quien supo despertar este caos, esa dolorosa dulzura de sentirse embriagado sin límites. Esta experiencia puede repetirse en diferentes ocasiones, con distintas personas, y a edades diversas; y en cada ocasión el deseo íntimo es que se prolongue hasta el infinito, aunque la cruda realidad neuronal demuestre que la capacidad humana para sostener ese nivel de intensidad difícilmente alcance más allá de unos meses. ¿Y entonces que? ¿Cómo continúa esta historia? ¿Habrá tal vez un modelo de pareja mítico capaz de prolongar los deleites del embeleso al interior de una pareja estable?

He conocido muchas personas, devoradas por la nostalgia del recuerdo.

Esta situación se sostiene en un principio psicológico, por el que tendemos a recordar con mayor intensidad los sucesos pasados e incompletos que los presentes, y que la memoria en ese caso actúa tramposamente porque solo recupera los elementos pasionales de antaño, como paradigma del amor. Si la idea se establece como dominante puede facilitar la búsqueda de otro (a) que genere esa pasión olvidada. (Amor y Enamoramiento)

Hay un artículo en esta misma página al que titulé “Te quiero, pero no estoy enamorado (a)”, entendiendo esta declaración como el prólogo de una ruptura. Sin embargo hoy pienso que podría ser exactamente lo opuesto, es decir, el reconocimiento de un nuevo estado en el cual se admite el cambio no como una pérdida sino como una ganancia.

Creo que el enamoramiento es como la embriaguez, pero uno no puede (¿o no debe?) pasarse todo el tiempo embriagado, a riesgo de perder la estabilidad personal, pero tampoco la sobriedad permanente parece una receta adecuada, si lo que se desea es mantener una relación vital y entretenida.

Tal vez lo más apasionante del enamoramiento sea el misterio que lo rodea, porque no hay recetas para producirlo, ni para mantenerlo y menos para reiniciarlo.

Tenemos que estar preparados para el cariño, para la ternura, para el placer de la compañía. Tenemos que confiar en que estos sentimientos serán el soporte de un nuevo modo de permanecer juntos.

No se lea aquí que lo que propongo sea una visión enmascarada de la resignación, muy por el contrario, creo que es una oportunidad que se le brinda a una pareja para revisar a fondo sus interacciones y decidir cuáles son rutinarias y forzadas y cuáles mantienen su calidad. Que es lo que une y exalta, que genera placer, que actos aumentan el deseo de compartir. Es decir que abre un desafío conjunto y desplaza o elimina la visión catastrófica y terminal.

Amor y Enamoramiento
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Amor y Enamoramiento – Roberto Rosenzvaig.

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