Terapia de pareja

Terapia de pareja

En el momento en que una pareja -sin importar sus edades, años de convivencia (si es que los tienen), orientación sexual u otras diferencias- se encuentra en un momento de crisis de la cual depende la continuidad de su vínculo, pueden buscar ayuda para intentar superar ese punto de inflexión negativo.

Si ambos comprenden que su inhabilidad para resolver los problemas, la evitación de los mismos o la confrontación ciega los ha conducido a un callejón, pueden bajar la cabeza y resignarse o asociarse para buscar soluciones

Ellos (evidentemente) no se sienten felices en su estado actual, pero no quieren perder esa relación o están en la incertidumbre acerca de continuar o no.

La contradicción siempre está presente, de un modo mas evidente o mas difuso, porque nunca es fácil separarse de alguien con el que aún se mantienen lazos emocionales, alimentados por una historia y por la esperanza de recuperación.

Muchos han pasado o permanecen en terapia psicológica individual, pero necesitan una mirada conjunta sobre los problemas que los afectan.

Estas dificultades pueden abarcar distintos dominios, que pueden representarse gráficamente como pequeñas esferas, cada una de las cuales interactúa con las otras. Les podemos poner distintos nombres: comunicación, vida sexual, actividades compartidas, relación con las familias de origen o con los hijos, problemas individuales, estrés. Etc.

Estas esferas no ocupan un lugar estático sino que cambian en su orden y relevancia, tanto como en su capacidad de influir sobre las otras. Todas son importantes, pero los miembros de una pareja pueden darle mayor o menos relevancia, de modo que insistirán en que ese aspecto debe cambiar mientras que minimizan otros, esto es particularmente notorio cuando cualquiera de los dos insiste en lo felices que podrían ser si el otro modifica actitudes o comportamientos, sin percibir la fuerte influencia de sus propias actitudes. Es como una especie de ceguera selectiva enfocada en los defectos del otro. Parece evidente que se requiere un mínimo de flexibilidad para entender como se vinculan ambos aspectos, porque los problemas y las soluciones (salvo en contadas excepciones) son responsabilidad de ambos.

La mayor parte de las parejas llegan a una terapia para estar mejor, para seguir su camino juntos. El riesgo es que no lo hagan demasiado tarde, tal como se grafica en el dibujo que acompaña a este artículo.

Dejemos de lado la afirmación no sostenible de que las terapias de pareja separan a las personas. Para separarse nadie necesita un árbitro que se lo señale, pero hay quienes buscan la terapia como excusa, en el sentido de que se hizo todo lo posible para modificar ese estado de cosas terminal, cuando en verdad no creen que haya solución. Desde esa posición se puede fantasear que sea el terapeuta quien dictamine como una especie de juez la incompatibilidad de la relación. Ese no debe ser el papel de un terapeuta, sino el de un facilitador de los cambios, cuando ello es posible.

Toda terapia exitosa debe modificar las situaciones conflictivas, las interacciones disfuncionales o los síntomas de un trastorno, y cuando eso sucede debe ser percibido manifiestamente en un cambio en los comportamientos, en los puntos de vista del consultante respecto a las razones de su malestar o en los modos de resolver el conflicto.

Dicho en otras palabras: en como ayudamos a los pacientes a construir o recuperar las herramientas válidas para sus cambios.

Si eligen esta opción hay algunos principios elementales que tendrán que tener en cuenta para resolver los conflictos presentes o futuros.

1- Usar los conflictos como una oportunidad de cambio y un recurso de acción.

2- Atacar los problemas, nunca a la persona.

3- Verificar todos los temas e intereses personales que subyacen a los conflictos manifiestos.

4- Inventar opciones en las cuales los dos obtengan beneficios.

Un ejercicio conveniente será el de responder entre ambos, las siguientes preguntas u otras más que vayan surgiendo en el espacio de conversación.

¿Pueden delimitar los principales problemas que los afectan?

¿Son capaces de admitir el peso que los problemas tienen en su vida cotidiana?

¿Son capaces de establecer criterios comunes para buscar soluciones?

Siempre que una pareja se aboca a una tarea en común, suprimiendo la crítica a los supuestos errores que el otro comete o ha cometido, surge de esta interacción una nueva esperanza; los desesperanzados dirán –Pero ya lo hemos probado todo– Y yo les respondo: ¿será cierto? Porque a veces las soluciones más evidentes se ocultan a los ojos de los que –por enojo, rencor, oposición u otras emociones negativas– no ven más allá de lo inmediato.

Las terapias de pareja deben ser breves por definición, porque lo que no se soluciona en 8 sesiones no lo hará en 30.

Sin duda que no todos los problemas serán resueltos, ni que todas las parejas saldrán de la terapia cambiados como nuevas personas, eso es irreal.

Lo que si estoy seguro que esa participación se pueden señalar y comprender aspectos no considerados, comportamientos no conscientes, pautas destructivas. Y que esa terapia puede ser un factor de cambio y de esperanza.

Por Roberto Rosenzvaig