Te quiero, pero no te amo

Te quiero pero no te amo.

 A ti… ¿ te dijeron alguna vez estas fatídicas palabras? Si las oíste de la boca de la persona que amabas o amas, recordarás el impacto emocional que se produjo cuando las escuchaste, y eso sucede porque por lo general ellas representan una declaración que incluye una velada amenaza de ruptura de la relación, o por lo menos, un diagnóstico claro de insatisfacción.

 En la vida de una pareja hay momentos gratos y otros amargos: en cada uno de esos instantes se dicen cosas que pretenden sintetizar en palabras las emociones involucradas.

Se pronuncian frases, algunas intranscendentes y otras que suelen dejar huellas que pueden hacer muy difícil su olvido.

Las más perdurables son aquellas que se relacionan con los sentimientos, y que contienen emociones positivas como las que expresan amor y otras negativas para la relación como las que se vinculan con el resentimiento, la intolerancia o la agresión. Muchas personas dicen palabras hirientes, condenatorias, casi como al pasar (inconscientes), o al calor de un debate interno de la familia. Otras veces se las pronuncia masticando con placer “perverso” el resultado que habrán de causar en quienes las escuchan. Después de emitidas no hay vuelta atrás, porque el efecto que producen es intenso, y aunque algunos puedan arrepentirse “lo dicho, dicho está”. Es posible que no se perciba una consecuencia inmediata, pero el mensaje quedará flotando en el ambiente de la relación.

Algunas expresiones, aunque sean hirientes o descalificadoras, pueden ser olvidadas o perdonadas, porque se entiende que han sido pronunciadas en forma irreflexiva, sin embargo otras expresan un estado de cosas largamente reprimido. Son, en un cierto sentido, lapidarias.

-Te quiero, pero no te amo-. Es una de esas expresiones límites en la vida afectiva de una pareja, porque quiere sintetizar el estado emocional del vínculo. Cuando se dice esta frase, se está  poniendo en tela de juicio el sentido y la continuidad de la relación.

¿Que se quiere decir con ello? ¿Que representa para una persona el cambio del amor a una sensación de ternura desapasionada?

La verdad es que la mayor parte de las personas no se preocupan en establecer categorías, ni piensan si quieren mucho o si sienten un amor apasionado, para ellos hay cosas más importantes en su proyecto de pareja que les brindan satisfacción y plenitud. En cambio, otros sienten que el desplazamiento del amor hacia el cariño o la ternura representa una pérdida que generalmente se traduce en la disminución del deseo erótico.

Frente a este escenario pueden adoptarse distintas actitudes, una de ellas es la adaptación, que se fundamenta en la valoración de todas las cosas buenas que tiene esa pareja y en la aceptación del desapasionamiento. Esto parece posible en las parejas que llevan años de convivencia, pero altamente improbable en los jóvenes. De hecho parte importante de las consultas de pareja actuales tiene relación con este conflicto.

Los investigadores de la psicología de los vínculos de pareja afirman que las personas se atraen inicialmente con pasión, pero que perduran juntos en el tiempo por la firmeza y calidad de los lazos afectivos. Si esto es cierto, entonces es precisamente el cariño el que hace más sólidos y perdurables los vínculos. Lamentablemente esto no opera del mismo modo para todos; hay muchas personas que tienen una necesidad imperiosa de sentir una pasión amorosa similar a la que caracterizó los comienzos de la pareja, y no se adaptan a los cambios que una relación prolongada produce en esas emociones.

Lo complejo de este problema es que no se trata de parejas con malas relaciones cotidianas; las más de las veces se llevan bien, se respetan, comparten confidencias, son buenos criadores de sus hijos, y se los ve a menudo tomados de la mano, exhibiendo ante los demás la buena calidad de su relación, Sin embargo es en el territorio de la intimidad donde se muestra el conflicto, porque los años los han transformado en muy buenos amigos, pero a cambio han perdido la calidad pasional o romántica en su vínculo. Esto no se refiere en exclusiva a la vida sexual, sino a todas las acciones que muestran entusiasmo amoroso, son -en un cierto sentido- demasiado previsibles el uno para el otro.

Este proceso de entumecimento afectivo lleva a que cualquiera de los dos, y en ocasiones ambos simultáneamente, comiencen a percibir una fuerte sensación de carencia, que se expresa en distintos aspectos de la vida cotidiana. Uno de los más notorios se produce en torno a las relaciones sexuales, que se hacen esporádicas y rutinarias, con dificultades crecientes en la concentración, es como si de pronto los pensamientos se fugaran de la escena, y solo quedaran dos cuerpos en movimiento.

Aquí quiero profundizar a través de una frase dicha coincidentemente por varias pacientes “lo amo, lo adoro, pero no lo deseo”.

Me interesa tratar de comprender si esta afirmación es verdaderamente posible. ¿Se puede amar y no desear? ¿Puede un varón adherirse también a esa posición? Léase entonces     “ nos amamos, nos adoramos, pero no nos deseamos”. Para mi hay algo disonante, algo que no me parece congruente. Creo que esas parejas expresan en voz alta un anhelo más que una certidumbre. Temen confrontarse con el significado de la ausencia de un deseo erótico activo, que es mucho más abarcativo que la baja frecuencia de relaciones sexuales y no puede reducirse a ellas, porque lo más frecuente no es la ausencia completa de relaciones sino que estas parejas continúan manteniendo relaciones ocasionales, casi por calendario, forzándose a cumplir un ritual que no los obligue a asumir el sentido de su distanciamiento erótico.

La defensa es clara, se evita el conflicto, se lo soslaya.

Esta actitud, para ser sostenible, debe requerir un acuerdo silencioso de ambos. Si cualquiera de los dos reclama insistentemente por este distanciamiento la situación rota hacia otra dirección más confrontativa.

Vuelvo entonces hacia la frase anterior y la reformulo “lo amo, lo adoro…pero no se que me pasa. Pienso en el sexo y en lugar de excitarme me apago”

Articulando estas expresiones voy a quitar algo para dejar el resto y veamos como suena.

…pero no se que me pasa. Pienso en el sexo y en lugar de excitarme me apago”. Ahora si empieza a tener sentido la declaración inicial que definitivamente tiene el propósito de amortiguar el peso de lo que sigue, porque si tu amas a tu pareja el deseo no se evapora como un liquido sometido a una temperatura elevada, es una consecuencia de actos conscientes y no conscientes, que inevitablemente corroen el amor (sea cual fuera el significado que cada uno quiera darle a esta emoción).

El amor y el deseo en una pareja (salvo que se desexualice al amor ) corren paralelos, no son expresiones separadas. Si se ama pero no se desea o si se desea y no se ama, algo está en cortocircuito y representa un distanciamiento que no se asume como tal.

Las parejas que advierten lo peligroso de esta situación buscan decir o hacer cosas diferentes que los devuelvan a emociones que conocieron en el pasado, otros simplemente se deslizan hacia un conformismo con ese estado de cosas, con el riesgo de que aparezca en el horizonte individual otra persona que active el volcán dormido.

La pregunta más difícil de responder que formulan estas parejas cuando llegan a terapia, es: ¿Se puede recuperar el amor? U otra pregunta todavía más difícil, por la idealización que conlleva ¿Podremos reencantarnos?

Nadie puede responder ese interrogante, porque no se trata de un simple reordenamiento de acciones, es mucho más complejo y profundo, ya que apunta a desnudar ocultas expectativas, deseos frustrados, afrontando uno de los desafíos más serios que se presentan en la historia de un vínculo, como lo es revitalizar una relación que ha modificado su calidad original, volcándose del amor al cariño.

Creo que existe un trampa básica, sostenida en la idealización de esos estados iniciales a los que la pareja se empeña en retornar. Ese retorno no parece posible y lo más probable es que ambos se frustren en ese intento. Por el contrario hay que entender el cambio como una transición, no como una pérdida, sino como un nuevo estado en el que la ternura acompaña al placer, porque de ningún modo son incompatibles.

De las cenizas se puede revivir el fuego, y a veces la posibilidad del fin de la relación actúa como un poderoso incentivo que reactiva el interés y las emociones dormidas, entonces la frase inicial que cité “te quiero pero no te amo” no representa necesariamente una despedida, sino una propuesta. Dependerá de ambos convertirla en un nuevo comienzo o como dice una amiga muy querida:

En un segundo tiempo.

 

Por Roberto Rosenzvaig