Sexólogo clínico

La sexología es una disciplina que apunta a diagnosticar y tratar los problemas individuales o relacionales vinculados con las experiencias y la vida sexual de las personas.

Los especialistas que se dedican a este dominio provienen de dos formaciones académicas diferentes sobre los cuales es necesario establecer una distinción entre aquellos que tienen una formación básicamente médica, de los que provienen del campo psicológico.

Los médicos que se dedican a esta área por lo general son urólogos que como parte de su especialidad se han interesado en los cuadros clínicos que afectan el normal desenvolvimiento de la función sexual, tales como las disfunciones eréctiles de base orgánica. Adicionalmente son consultados por trastornos sexuales de base comportamental, que como la eyaculación precoz, afectan a un alto porcentaje de varones.

Su modo de entender y tratar las disfunciones sexuales, responde a un modelo médico, el cual se aplica con unos pocos consejos tranquilizadores, más una terapéutica centrada en la efectividad de los medicamentos. Si estos no resultan o si el paciente no desea depender de un medicamento para funcionar sexualmente, sus posibilidades de acción se agotan.

La sexología, entendida de esta manera es una acción directa sobre el problema, donde el origen, causas o sentido del síntoma para el paciente no se tienen en cuenta. Este abordaje puede funcionar o no, porque ningún medicamento es invariablemente exitoso y aunque lo sea, establece una dependencia psicológica del mismo.

Este campo de acción se limita por lo general a los varones, porque las mujeres cuando tienen una dificultad en su vida sexual, recurren a su médico más confiable que es su ginecólogo o eventualmente a las matronas.

Los psicólogos y psicólogas que se dedican a trabajar en este área, no necesariamente han hecho una formación académica ni clínica específica.

Los que si la han hecho, dentro o fuera de Chile, tienen una comprensión mas global de las disfunciones sexuales, porque han sido entrenados para conocer tanto los componentes biológicos como los emocionales del problema. Han sido capacitados además en los múltiples recursos que se han desarrollado en el campo sexológico en los últimos años. Podemos referirnos a ellos como sexólogo clínico, ya que han desarrollado sus conocimientos y habilidades enfocados a la resolución del problema.

Los problemas sexuales requieren, para ser resueltos con eficiencia, de un acabado conocimiento de los factores intervinientes, para evitar que el esfuerzo y expectativa de los pacientes pueden conducir a una temprana frustración.

Mi posición específica es que al elegir un profesional los pacientes deberían saber quien es, donde se ha formado, que nivel de experiencia posee en el problema. Se que no se elige a un terapeuta por su curriculum o sus honorarios, sino por la confianza que este produce, pero creo también que hay que minimizar el riesgo de confiar en quienes desconocen o creen que los problemas sexuales son de simple resolución.

Durante años he recibido pacientes tratados y otros maltratados. He trabajado en común con psiquiatras, psicólogas y psicólogos, urólogos y ginecólogos (as).

Por mi especialidad específica resulta frecuente que las personas a las que asisto ya hayan pasado por una o varias consultas anteriores, por ello es que he visto las consecuencias de buenas y malas terapias.

Una buena terapia se diferencia de otra mediocre en base a distintos factores. Pero la base está en quién y cómo la realiza.

No es este el lugar para debatir sobre teorías y prácticas psicológicas, cada una de ellas establece una visión sobre el sentido de los síntomas y los mecanismos para su resolución. Cada profesional capacitado es capaz de ayudar con su experticia a quienes lo consultan y confían en ellos.

Sin embargo los temas sexuales a veces parecen campo de nadie o de todos, hay quienes se autodesignan a sí mismo como especialistas a partir de la lectura de un par de libros o porque creen que el tema es tan menor que es sencillo resolverlo con alguna orientación oportuna vinculada al sentido común, más algunas tareas específicas.

Otros confían ciegamente en la prescripción de medicamentos, como cuando se indican antidepresivos para el tratamiento de la eyaculación prematura u otros para producir erecciones, sin tener en cuenta las características específicas del paciente, el tipo de relación de pareja que tiene, o sus problemas psicológicos de base.

Hoy en día la demanda de asistencia ante las dificultades sexuales requiere-para responder eficazmente- de estrategias complejas que tengan en cuenta el conjunto de los factores que están incidiendo en el trastorno. No se trata de aplicar un modelo repetido y esperar que le sirva a todos, por el contrario, creo que cada consultante tiene un bagaje de experiencias diferentes, que expresa diferentes emociones, que sufre el problema individual o compartido de distinta manera, y que por ello requiere de una comprensión especial por parte del terapeuta.

Cada vez que un paciente –solo o en compañía- demanda de asistencia profesional, deposita en ella una cuota alta de expectativas, que si son frustradas por un mal manejo clínico, establece una pérdida de confianza en sí mismo y en los recursos de los expertos.

Todas las terapias tienen indicadores de éxitos y fracasos, y ellos dependen tanto de la experiencia y la responsabilidad de los clínicos, como de la motivación y persistencia de los pacientes. Si se suman estos dos atributos positivos el éxito, representado por la solución del problema, será factible.

Por Roberto Rosenzvaig