Pareja, Problemas y soluciones

En la vida de cada pareja los conflictos son inevitables, por ello la fortaleza reside en permanecer unidos en las búsquedas de solución, pero hay quienes se especializan en evadir los problemas y en negar las soluciones.

Por la forma de llevar a cabo ciertas estrategias básicamente evitativas o que no conducen a solución he ordenado a los actores en los siguientes grupos, a los que usted puede pertenecer, tal vez en forma no consciente, si es así espero que este artículo lo ayude.

Minimizadores

Las personas que actúan de este modo temen el conflicto, porque creen que augura un futuro incierto, desgasta la pareja y que lo mejor es tomar distancia y no confrontar. de allí que ignoran las señales hasta que la presencia del problema se hace evidente, entonces desarrollan estrategias de minimización.

“bueno, bueno…no es para tanto -suelen decir- o 
“ya lo solucionaremos.”
 Parece que siempre están desplazando el problema hacia el futuro, como si mágicamente se fuera a diluir. son expertos en encubrir y esquivar.

Invisibilizadores

Un paso más allá se ubica otro grupo cuya estrategia es similar, pero más compleja porque genera un convenio implícito, por el cual se elimina el conflicto declarándolo invisible. uno piensa que estas parejas están condenadas a la separación, pero no, increíblemente siguen juntos afirmando que su relación es más fuerte que los problemas. La familia, las relaciones sociales, los valores morales y religiosos son su soporte, aunque físicamente se comporten como extraños. pueden compartir lecho, pero difícilmente se acariciarán y si el espacio de la vivienda lo permite podrán separar dormitorios.

Estas parejas son sólidas y frágiles simultáneamente. su apuesta es a que nunca un problema desborde sus barreras defensivas. si esto ocurre no tienen herramientas porque nunca aprendieron a confrontar emocionalmente en un escenario íntimo.

Los conflictos, cuando no son invisibilizados, reflejan la crisis de estructuras ya no adecuadas para el funcionamiento de la pareja y anuncian la necesidad del cambio.

Uno puede ser sordo y ciego o elegir serlo.

Hay quienes nacen ciegos y quienes se enceguecen para no ver ni comprender.

En definitiva es un tema de toma de conciencia.

La invisibilización es un recurso que algunas personas o parejas asumen ante un hecho o situación que les genera algún tipo de tensión extrema y que no pueden resolver con sus recursos actuales.

Descomplicados

Otros estilos menos negadores, pero que comprenden también una forma especial de evitación se presentan entre quienes suelen disminuir la dimensión de los conflictos a través de su trivialización. se diría que los toman con humor como parte inevitable de la vida cotidiana, ante esta actitud uno diría que encontraron la forma perfecta para no enrollarse con problemas evitables, pero ellos hacen un esfuerzo especial para no focalizarse en temas potencialmente conflictivos, solo hablan de asuntos contingentes y sancionan a quienes “toman caldo de cabeza”, expresión idiomática que se escucha y que se traduce en “no me hago problemas inútilmente”. El riesgo sucede cuando un problema supera la barrera de la trivialización o la risa y los deja sin recursos, porque a veces la seriedad es una demostración de compromiso.

Analítico-profundos

Los hay también quienes tienen especial devoción por debatir en profundidad los problemas, a primera vista sus intenciones son admirables, pero el error se presenta en que suelen transformarse en interpretadores crónicos del sentido subyacente de los actos. se diría que su afición a las profundidades psicológicas los lleva a ver conflictos donde no los hay, y por eso parece estudiantes de psicología en práctica. Este grupo ha pasado por una o varias terapias psicológicas y dominan un lenguaje interpretativo, lo cual no significa de modo alguno que sean todo lo expertos que se sienten, más bien creo que han mecanizado un recurso válido en un contexto de terapia, pero no en un problema marital.

Lo bueno en ellos es que se los ve comprometidos en trabajar las diferencias, en escuchar y comunicar, pero deben aprender que eso requiere la capacidad de diferenciar entre lo relevante y lo intrascendente. su riesgo reside en la pérdida del sentido común y en el sobredimensionamiento de cada circunstancia: no saben “dejar pasar” un hecho.

Desmemoriados

Tienen una memoria selectiva enfocada a no recordar jamás en qué ocasión o en qué contexto se generaron situaciones de confrontación, tampoco recuerdan si actuaron de forma hostil o agresiva.

La pregunta clave que formulan es: “¿y cuándo yo dije eso?”
“Estás inventando.”
“ni tú te lo crees.”

“¿cómo podría haber dicho algo semejante?”

La pérdida de memoria súbita y la seguridad con que sostie-nen su inocencia, llevan al otro a dudar de su propio recuerdo o a denunciar el olvido como un hecho intencional.

¿o usted nunca escuchó o dijo? –“la próxima vez voy a grabar todo”.

Autoflagelantes

Esta es una especie muy complicada, porque se autocritican a través de las lágrimas y auto conmiseración. Ellos llegan a un punto en que admiten toda su responsabilidad, pero no buscan necesariamente el cambio, sino la compasión del otro. buscan ser calmados, queridos y atendidos. la escena de la autoflagelación es complicada porque por lo repetida deja de ser creíble, además porque induce al otro a dejar de formular reclamos.

Decepcionados

Hay parejas que llegan a terapia con ánimo resignado. Ellos sienten que han hecho todo lo posible por cambiar, incluyendo una o varias terapias individuales o de pareja anteriores. un terapeuta ingenuo, soberbio o inexperto, podría subestimar en forma automática lo realizado y proponer entusiastamente nuevas opciones, pero rápidamente la pareja en cuestión le demostrará que tampoco esta vez van a cambiar, porque ese es su acuerdo de base, mantener la disfuncionalidad.

Peleadores

Como en un cuadrilátero de boxeo y con los guantes puestos, estas parejas confrontacionales toman los problemas como una lucha de fuerzas, en la cual se impondrá quien domine al otro. suelen buscar jueces y árbitros, pero siempre con la secreta esperanza de que estos les otorguen la razón que su pareja discute, a través de tanta confrontación se vuelven hipersensibles a cualquier intervención que decodifican como provocación, por eso es que pierden de vista el sentido último de lo que están discutiendo.

Pasivo-agresivos

Estos son los representantes de una especie complicada, porque son expertos en cultivar el resentimiento. cuando ellos estiman que han sido hostilizados, desplazados o agredidos, en lugar de expresarlo lo que hacen es reprimir sus emociones dolorosas, pero ellas no se extinguen sino que se mantienen como una brasa encendida, para surgir luego desplazadas bajo la forma de la agresión descalificadora.

Desandando el camino

Si ambos comprenden que su inhabilidad para resolver los problemas, la evitación de los mismos o la confrontación ciega los ha conducido a un callejón, pueden bajar la cabeza y resignarse o asociarse para buscar soluciones. si eligen la segunda opción hay algunos principios elementales que tendrán que tener en cuenta para resolver los conflictos presentes o futuros.

1- usen los conflictos como una oportunidad de cambio y un recurso de acción.

2- ataquenlosproblemas, nunca a la persona.

3- verifiquen todos los temas e intereses personales que subyacen a los conflictos manifiestos.

4- Inventen opciones en las cuales los dos obtengan beneficios.

Un ejercicio conveniente será el de responder entre ambos, las siguientes preguntas u otras más que vayan surgiendo en el espacio de conversación. Siempre que una pareja se aboca a una tarea en común, suprimiendo la crítica a los supuestos errores que el otro comete o ha cometido, surge de esta interacción una nueva esperanza; los desesperanzados dirán –Pero ya lo hemos probado todo– Y yo les respondo: ¿será cierto? Porque a veces las soluciones más evidentes se ocultan a los ojos de los que –por enojo, rencor, oposición u otras emociones negativas– no ven más allá de lo inmediato

¿Pueden delimitar los principales problemas que los afectan?

¿son capaces de admitir el peso que los problemas tienen en su vida cotidiana?

¿son capaces de establecer criterios comunes para buscar soluciones?

si no están de acuerdo ¿qué actitud adoptan?
¿Qué soluciones han probado?
si no resultaron ¿las dejaron a un lado y buscaron otras

novedosas?
si resultaron durante un período ¿por qué no las consolidaron? ¿son capaces de realizar negociaciones adecuadas?

Por Roberto Rosenzvaig