Miedo al sexo.

Fobia sexual.

La vida sexual se forja en la combinación de situaciones favorables y desfavorables, de hechos que producen placer, junto a otros que ocasionan padecimiento, expresado a través del miedo al sexo. La evolución normal de la sexualidad lleva a que las personas estén abiertas a disfrutar de las experiencias eróticas, y a obtener de ellas elementos gratificantes. Sin embargo hay individuos que por distintas circunstancias vitales, algunas obviamente traumáticas como el abuso sexual o la violación, y otras no tan evidentes, rechazan toda actividad sexual.
Desde un punto de vista psicológico, las conductas relacionadas con la evitación de los deseos, los estímulos y las relaciones sexuales, quedan comprendidas dentro de los llamados cuadros fóbicos. El rasgo esencial de una fobia sexual es el temor persistente e irracional asociado al deseo compulsivo de evitar sensaciones o experiencias sexuales, con la característica que el individuo reconoce este miedo como irracional o excesivo.

Todos tenemos o hemos tenido algún tipo de temor a lo largo de nuestra vida, pero en general convivimos con ellos sin que perturben nuestras relaciones o nuestra vida cotidiana. O inclusive los superamos como barrera vital al confrontarlos. Pero cuando el miedo al sexo se hace parte de nuestra existencia y nos adaptamos malamente a las limitaciones que nos impone se convierte en un trastorno.

Uno de los casos donde se visualiza una fobia compartida por la pareja es en el llamado matrimonio no consumado. Esta disfunción se caracteriza porque la pareja, conviviente o no, luego de un cierto tiempo que ha sido fijado arbitrariamente en seis meses, no ha podido practicar el coito con penetración vaginal. Algunos prefieren hablar de parejas no consumadas.

A veces es uno de los dos miembros el que aparenta estar “enfermo”, otras veces son ambos. Él puede tener dificultades en la erección o ella padecer vaginismo. Ella puede tener una verdadera fobia a ser penetrada y él ser un eyaculador precoz que termina antes de penetrar. O ambos padecer un deseo sexual inhibido. Los trastornos pueden alternarse en el tiempo o ser concomitantes, pero siempre se mantienen de a dos. Por ejemplo: cuando ella quiere, él no logra la erección; cuando él la logra, ella presenta una contracción de los músculos de la vagina; si ella pudo relajarse y vencer la fobia, él presenta una eyaculación antes de la penetración vaginal. El miedo los invade: a la maternidad o paternidad, al embarazo, a ser desgarrada o lastimada, a sufrir, a dañar o ser dañado en los genitales.

No se pude hablar de causas en general ya que se ve cada caso de la pareja en particular pero hay factores psicológicos o psiquiátricos, familiares, educacionales, religiosos y del vínculo en sí mismo. Por supuesto puede haber factores orgánicos en algunas impotencias o en las llamadas dispareunias (coito doloroso) que no se pueden dejar sin resolver.

Uno de los desencadenantes del pedido de ayuda, que pueden motorizar los cambios, suele ser el deseo de tener hijos o cuando alguno de los dos cónyuges amenaza con separarse o simplemente porque ambos, o uno de ellos, sienten que esa relación no puede seguir así.
Contra lo que podría pensarse, muchas de estas parejas tienen todo tipo de juegos sexuales, con orgasmos incluidos, lo que no pueden es realizar la penetración vaginal: allí está jugada la escena temida. Esta disfunción de la pareja se presenta en casi un 2% de los matrimonios.
No olvidemos que en un mundo de supuestos triunfadores sexuales ellos se sienten como diferentes: han tenido que soportar las bromas correspondientes sobre la luna de miel y la familia o los amigos les recuerdan siempre la tardanza en la llegada de los hijos teniendo que mentir casi todo el tiempo sobre su condición. Hay casos en que la aversión sexual es tan marcada que a veces les impide tocarse o besarse configurando un clásico paradigma de complementación disfuncional manteniendo así el equilibrio durante años; ellos lo categorizan acertadamente: “somos como dos hermanitos”. Si bien ellos piensan que es algo muy grave y vergonzante y que nunca podrán solucionarlo la realidad nos marca que con las llamadas terapias sexuales que son terapias focalizadas de la pareja, de resolución sintomática y cortas ( 15 sesiones) se logran resultados francamente positivos en un breve lapso de tiempo. El principal obstáculo, aunque parezca paradójico, es el miedo al éxito: porque justamente aquella escena más deseada es también para ellos la más temida.

Por Roberto Rosenzvaig