Frecuencia sexual

Frecuencia sexual o frecuencia sensual

De todos los artículos que publiqué en esta página, el relativo a la frecuencia sexual ha sido el más leído, por ello es que quiero complementarlo con este otro, más dirigido a los aspectos sensuales del encuentro sexual. Para muchos estas dos palabras pueden ser sinónimos, pero para otros y otras pueden ser opuestos.

Comencemos por definir que cosa voy a entender por sensualidad; como adjetivo significa lo perteneciente o relativo a las sensaciones de los sentidos y además los gustos y deleites de los sentidos, de las cosas que los incitan o satisfacen y de las personas aficionadas a ellos.

En un encuentro corporal, sea este dirigido a obtener excitación sexual o no, los sentidos están obligatoriamente involucrados, básicamente porque constituyen el equipamiento con que nos relacionamos con el mundo que nos rodea. Excepto para aquellos que padecen una discapacidad específica, el resto de las personas utilizan sus cinco sentidos aunque lo hagan en forma inconsciente. He aquí uno de los desafíos para transformar un acto funcional en otro hedonístico, es decir relacionarlo con el placer.

La propuesta hedonística consiste en revertir cualquier acción mecánica y funcional, para convertirla en un acto de conciencia, en una búsqueda intencional y voluntaria de un estado superior.

Permítanme ofrecer un ejemplo: todos respiramos, es una necesidad básica sin la cual no podríamos vivir, sin embargo no todos respiramos en forma consciente ni estamos alertas del modo en que la respiración se vincula con nuestras emociones. Si sobrepasa ciertos límites, por sobreabundancia o carencia, suenan timbres de alarma que rápidamente nos llevan a corregir la frecuencia respiratoria y a registrar la presencia de un evento que nos está afectando emocionalmente. Del mismo modo cada sentido está asociado al modo en que percibimos el contacto erótico. No es universal e idéntico para todos, sino que por el contrario es personal y depende del tipo y la calidad del vínculo que tenemos con la persona involucrada.

Se diría que es imposible imaginar una escena sexual eliminando los sentidos, es cierto, pero las cosas que vemos, que tocamos, que olfateamos, que saboreamos o que escuchamos no son neutras, ni tienen una calidad intrínseca, sino que adquieren relevancia de acuerdo a nuestras experiencias, que incluyen las cosas que aceptamos o rechazamos, las que valorizamos o descalificamos, las que nos gustan o disgustan. Todo ello compone el complejo proceso de dar o recibir placer.

Frecuencia sexual
Frecuencia sexual

Frecuencia sexual o frecuencia sensual

La sensualidad, es decir el uso erótico de los sentidos, no se produce automáticamente, por el contrario, se hace necesario desarrollarla a partir de una decisión de superación del nivel básico (a nivel de equipamiento) que nos provee la naturaleza. Algunos ejemplos permitirán entender mejor este desarrollo.

Comencemos por el tacto: todos podemos tocar, pero obviamente no todo contacto es sensual. Tocar tampoco es idéntico a acariciar, porque allí el tacto se transforma en contacto, este no es un juego de palabras porque el tacto se convierte en caricia cuando está unido a una emoción. Si la caricia adquiere una intencionalidad erótica se vincula al deseo de excitarnos y de excitar a la persona con la que compartimos ese encuentro sexual. Sin embargo se puede tocar mecánicamente el cuerpo del otro (a) en un recorrido práctico, enfatizando las zonas consideradas más erógenas, considerando que la excitación está así garantizada. Primera confusión porque cada persona tiene una sensibilidad diferente. Y aún cuando el encuentro sea solo sexual es posible tocar acariciando para favorecer una conexión sensorial más elevada. Lo que cambia es la intencionalidad y la voluntad lúdica de dar placer.

Cuando la pareja está unida por lazos afectivos, las caricias sensuales se vinculan a los sentimientos. El deseo y el amor se pueden expresar a través de las manos conformando un puente de comunicación silenciosa.

 Cuando la frecuencia sexual se impone sobre la frecuencia sensual.

  • Primer Nivel: Respuesta general y difusa a un estímulo sensorial.
  • Segundo nivel. Registro consciente de la excitación y el placer, compromiso corporal, eventualmente orgasmo.

 

Cuando la frecuencia sensual predomina a Frecuencia sexual

  • Tercer nivel: Excitación y disfrute vinculados a la confianza, cercanía e intimidad con otra persona.
  • Cuarto nivel: Todo lo anterior con sentimiento amoroso.
  • Quinto nivel: Goce “soplido que agota” (Nirvana). Impacto hedónico del placer sensorial. (Solo para elegidos).
Frecuencia sexual
Frecuencia sexual

Todos somos capaces de acceder al último nivel del placer en términos neurológicos, es decir a través de la producción y sostenimiento de cierto tipo de neurohormonas sobre las cuales se sustentan estas sensaciones, pero no todos somos capaces en términos emocionales. He aquí el problema porque los centros cerebrales responsables de los estados vinculados con la percepción del placer, están íntimamente conectados con los que regulan las emociones. Nuestro sistema nervioso es responsable de esa maravillosa complejidad.

 

Placer y sexualidad han aparecido unidos en un vínculo único. Como si todo placer ligado al cuerpo fuese principalmente sexual.

Para entender históricamente el fenómeno se hace necesario situar a la experiencia del placer en un contexto ético y desde aquí ubicarla en dos niveles.

 

El primero a través de la experiencia sensorial transcultural de la inmediatez de la percepción asociada al placer o al dolor, gusto o disgusto. Búsqueda o rechazo aparecen como los mecanismos primarios universalmente compartidos como seres biológicos, sustentados en emociones primarias como la alegría, miedo, ira, tristeza, sorpresa o repugnancia.

En un segundo nivel, desaparece la universalidad y se desenvuelve el dominio de la subjetividad, las sensaciones primarias dejan lugar a la complejidad de la conciencia moral de la que devienen las clasificaciones de segundo orden en términos de bien o mal, correcto o incorrecto, adecuado o inadecuado, normal o patológico. Aquí el sujeto se ve obligado a tomar decisiones adaptativas, a elegir entre la satisfacción inmediata, muchas veces contrapuesta a la conciencia del acto, o a negar la experiencia placentera, también puede optar por diferir la satisfacción o prolongarla. En este nivel el deseo y el placer pueden tomar caminos divergentes.

En todo el mundo antiguo hasta el advenimiento de la moral restrictiva, la búsqueda del placer se entendió como un acto propio de la naturaleza humana. Las restricciones fueron más bien relativas y dependieron del lugar social y por consiguiente de poder que ocupaba el sujeto.

La cultura grecolatina, como bien ha señalado M. Foucault, desarrolló la noción de dominio de sí, más que la negación del placer.

“El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro (placer) y acompasarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio”. Platón

Frecuencia sexual
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Frecuencia sexual – Roberto Rosenzvaig.

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