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	<title>Roberto Rosenzvaig</title>
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	<description>Sexualidad Humana</description>
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		<title>Terapia con parejas del mismo sexo</title>
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		<pubDate>Thu, 10 May 2012 20:22:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las parejas del mismo sexo que tienen una relación de convivencia y que intentan prolongarla en el tiempo, pueden tener conflictos o atravesar crisis del mismo modo que una pareja heterosexual. El ideal de vida en pareja no es una exclusividad heterosexual y cada vez hay más gays o lesbianas que deciden vivir esta experiencia, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las parejas del mismo sexo que tienen una relación de convivencia y que intentan prolongarla en el tiempo, pueden tener conflictos o atravesar crisis del mismo modo que una pareja heterosexual.</p>
<p>El ideal de vida en pareja no es una exclusividad heterosexual y cada vez hay más gays o lesbianas que deciden vivir esta experiencia, al hacerlo enfrentan dificultades similares a las de cualquier otra pareja.</p>
<p>Sin embargo ni las bases de los conflictos, ni las terapias para la pareja son idénticas.</p>
<p>Hay muchas razones por las cuales estas terapias difieren de las de las parejas heterosexuales.</p>
<p>En principio las dinámicas al interior de la relación son diferentes y más flexibles porque no hay modelos y roles sexuales tradicionales que seguir o sobre los que generar conflictos.</p>
<p>Por ejemplo: Los miembros de las parejas de gays o lesbianas no asignan roles para las tareas de la casa, como si uno de ellos fuese el “esposo” y el otro “la mujer”. Aunque la división de tareas no sea equivalente, negocian mucho mejor la distribución de las mismas de acuerdo a los distintos intereses, habilidades y el tiempo disponible de cada uno.</p>
<p>Las parejas de gays y lesbianas tienen que adaptarse a la ambivalencia de una sociedad que en términos de discurso político acepta la homosexualidad, pero se crispa ante las demostraciones concretas de esas uniones, de allí la falta de espacios sociales abiertos donde puedan mostrarse como parejas, restringidos además por un medio social que todavía presenta marcadas señales de homofobia, esto hace que sea más común la interacción en grupos de pares o en lugares definidos como “<em>gay friendly”</em>  donde se admitan los gestos de amor u otros sitios donde puedan desplegar su intimidad.</p>
<p>Un aspecto relevante, relacionado con ello, es que muchas parejas del mismo sexo reservan el secreto de su convivencia ante sus familias, sus conocidos, colegas o compañeros de trabajo, por temor a ser rechazados o discriminados. Este aspecto conlleva la posibilidad de que ambos no coincidan en el grado de visibilización deseado en su relación con los demás.</p>
<p>Mostrarse o invisibilizarse puede ser un tema de conflicto en la pareja, porque no necesariamente ambos coinciden en una de las dos opciones. Es frecuente que uno de los dos se muestre menos dispuesto a revelarse abiertamente.</p>
<p>La decisión de permanecer en “el closed” o salir de el, son opciones que pueden cambiar de acuerdo a las circunstancias y a la evolución individual, pero ningún terapeuta debiera deslegitimizar una para ensalzar la otra. Ni condicionar la existencia de la pareja a igualar el grado de exposición deseado. El problema está en el compromiso, no en la demostración pública del vínculo.</p>
<p>Salir del closed nunca es una acción instantánea ni homogénea para todos, aún cuando no tengan ninguna duda en torno a su orientación. En el caso de las mujeres este conflicto es más común, porque ellas no necesitan rotularse como lesbianas para desarrollar una relación íntima y comprometida con otra mujer, por lo que se resisten a mostrarse como tales ante su familia, compañeros de trabajo o amigas. El temor presente en estas parejas es que el ocultamiento refleje la falta de compromiso y adicionalmente genera inseguridad tanto sobre la firmeza del vínculo como de la opción sexual. La persona asumida como lesbiana cree que la otra que no se muestra como tal, puede abandonarla para retomar un camino heterosexual marcado por el matrimonio y la maternidad.</p>
<p>Fenómenos tales como los celos, la posesividad (mayor en parejas lésbicas), la agresión, la lucha de fuerzas, las diferencias en torno al deseo sexual y a las prácticas sexuales, las dificultades en la comunicación o en la expresión de cariño, finanzas, estilo de vida, parecen ser similares en todas las parejas con independencia de su orientación sexual. Lo que parece diferente es el modo en que el conflicto es manejado. Las parejas de gays y lesbianas están más orientadas a la resolución consciente y comprometida de los conflictos que las parejas heterosexuales. Aunque sus tasas de separación luego de 10 o más años de convivencia son superiores (mayor entre mujeres que entre varones) lo notable no es esto, sino como son capaces de dar estabilidad a la relación sin soporte institucional (como el matrimonio), sin la presencia de hijos o barreras religiosas, familiares y sociales que puedan dificultar una separación que se anhela, pero que no se asume.</p>
<p>Muchas de las crisis en parejas estables de varones se presentan en las demandas de exclusividad sexual, que los estudios muestran como baja, en comparación con las parejas lésbicas. En sí mismo que una pareja sea exclusiva o abierta en términos sexuales, no determina la calidad de esa pareja, sino los conflictos que aparecen cuando alguno reclama exclusividad mientras que el otro elige la multiplicidad.</p>
<p>Si tomamos un modelo que muestre los elementos estructurales sobre los que se apoya una relación de pareja, este debería ser útil tanto para una pareja heterosexual como homosexual. El modelo triangular que incluye pasión, intimidad y compromiso es válido en la medida que muestra elementos generalmente presentes en una pareja que se identifique como tal y también lo que sucede cuando estos se debilitan o ausentan.</p>
<p>Si una pareja no ha logrado superar sus conflictos autónomamente pueden recurrir a una asistencia externa, sea en forma de orientación o psicoterapia. Sin embargo hay una resistencia natural a hacerlo, porque nada les garantiza que el o la terapeuta elegida se vincule a ellos en forma natural y espontánea. Y en cierta forma esto es verdadero ya que la elección de un terapeuta no es sencilla, ni debe efectuarse al azar, porque debe encontrarse a quien garantice que la terapia que practica este libre de prejuicios o preconceptos en torno a la homosexualidad  y comprenda las características distintivas de estas parejas.  El sesgo negativo en algunos terapeutas resulta de creer que los problemas que se presentan se deben a los conflictos en torno a la homosexualidad, pasada o presente.</p>
<p>Es cierto, que el desarrollo psicológico y social de los gays o las lesbianas esta marcado por un proceso de diferenciación y asimilación de una orientación sexual diferente a los grupos con los que creció, y que este proceso puede ser más o menos conflictivo, dependiendo de la familia, la escuela, los grupos de pares o las propias contradicciones del sujeto. Aún así  no es correcto asociar cualquier trastorno personal o del vínculo con esa historia, porque ello genera automáticamente una focalización terapéutica inadecuada.</p>
<p>En resumen, considero que con las salvedades anunciadas, las parejas compuestas por personas del mismo sexo se benefician de una terapia, sin que su orientación sexual establezca una diferencia profunda en los métodos y las técnicas utilizadas. No son  pacientes “especiales”, ni requieren terapias “especializadas” sino las dirigidas a individuos que desean que su pareja funcione y les brinde felicidad.</p>
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		<title>Cuando no parece posible separarse</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Apr 2012 14:35:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto</dc:creator>
				<category><![CDATA[Conflictos de Pareja]]></category>
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		<description><![CDATA[La separación parece inevitable para algunas parejas, por lo menos cuando se tienen en cuenta la seriedad de los factores que los hacen entrar en crisis repetidamente. Sin embargo estas situaciones que para un observador externo representarían, sin dudarlo, razones suficientes para la ruptura, no resultan tan obvias para esa pareja en particular. Contra todos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La separación parece inevitable para algunas parejas, por lo menos cuando se tienen en cuenta la seriedad de los factores que los hacen entrar en crisis repetidamente.</p>
<p>Sin embargo estas situaciones que para un observador externo representarían, sin dudarlo, razones suficientes para la ruptura, no resultan tan obvias para esa pareja en particular.</p>
<p>Contra todos los pronósticos y contra toda aparente sensatez, ellos, los protagonistas, siguen adelante a través de los años. Parece que solamente ellos comprenden razones por las cuales no quieren separarse.</p>
<p>Primera pregunta entonces frente a este escenario: ¿No quieren o no pueden separarse? Los que no quieren aducen razones convincentes, por ejemplo las de tipo religioso. El argumento que se escucha es “si nos casamos para siempre, tenemos que seguir adelante”. Como comentario marginal, quiero aclarar que siempre es un lapso cronológicamente imposible para dos personas, un anhelo tal vez, un deseo, pero nunca una certidumbre. Las parejas contemporáneas, aún cuando sean comprometidamente creyentes, no parecen dispuestas a canjear su felicidad por la ortodoxia.</p>
<p>Otros colocan a la familia como objetivo principal, su compromiso con los hijos los lleva a “sacrificarse” por la continuidad de una pareja disfuncional. Sin embargo, ¿alcanzará este compromiso para garantizar un clima afectivo, de respeto y cuidado, que muestre ante los hijos un modelo a repetir?, no parece tan simple, lo más probable es que el modelo sea negativo y el clima emocional disruptivo.</p>
<p>Por supuesto que existen los que no quieren perder un lugar social estable, que cambiaría radicalmente con una separación.</p>
<p>Otros no quieren, porque no están dispuestos a admitir un fracaso ante la mirada de los otros.</p>
<p>Los hay también que minimizan y evitan el acto consciente de reconocimiento del deterioro de la pareja. Se resignan a ese estado de cosas y tratan de adaptarse con el menor costo emocional posible.</p>
<p>Algunas personas no se separan porque padecen de un temor infinito a la soledad. O a la frustración de vivir la separación como un fracaso individual.</p>
<p>Otros porque no hay podido o querido lograr una cierta autonomía económica que les permita independizarse sin mermas en su vida cotidiana.</p>
<p>El tema de la autonomía no se refiere, obviamente, en exclusiva a lo económico, hay otra autonomía más importante, que es la que compete al dominio personal. Lo contrario a la autonomía es la dependencia, y específicamente la dependencia emocional. Este no es un concepto totalmente claro y se usa en forma muy general, en términos de orientación lo podemos definir  como un patrón crónico de demandas afectivas frustradas, que buscan ansiosamente satisfacerse a través de relaciones interpersonales estrechas. Lo marca el temor a la pérdida de la persona amada, búsqueda de proximidad y protestas por la distancia o la falta de cuidados intencionales. Las personas que padecen una dependencia de este tipo son capaces de tolerar eventos graves, como el maltrato emocional, las adicciones, la infidelidad y otros que pondría alejar a cualquier pareja y conducirla a la ruptura.</p>
<p>Sea cual fuere la razón última de la resistencia a separarse, tenemos que entender que esta actitud puede revertirse positivamente si la pareja utiliza su energía, no solo para adaptarse, sino para intentar modificar los factores que hacen ardua la coexistencia.</p>
<p>En caso contrario, ambos son cómplices de una infelicidad que los marcará a lo largo del período en que permanezcan juntos, y que muy probablemente se hará extensiva a quienes los rodean cercanamente.</p>
<p>Nadie, o solo algunos arriesgados pueden decirle a una pareja, que lo mejor que podrían hacer es separarse, porque aún cuando se tenga la mejor de las intenciones, la mayor parte de las ocasiones esa intervención es inútil. Las personas no se separan porque otros le digan que eso es lo mejor, sino porque no se soportan mutuamente y ya no ven caminos de salida.</p>
<p>El escalón final  se produce cuando ambos caen en la trampa de la ambigüedad, que representa estar sin estar, como espectros de lo que una vez fueron. Si quedan detenidos allí, es momento de tomar decisiones y encontrar la energía para separarse.</p>
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		<title>Frases que ellas odian después del sexo</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Apr 2012 16:47:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; Unas 4.000 personas participaron en una encuesta de Entremujeres. La pregunta: “¿Qué odias que te digan después de tener sexo?” La respuesta femenina es contundente. Y el reclamo por mayor atención, también, reseñó el diario Panorama. N° 1: “Me tengo que ir” Es la frase más odiada tras [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://robertorosenzvaig.cl/wp-content/uploads/2012/04/ella-sexo21.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-836" title="ella-sexo2" src="http://robertorosenzvaig.cl/wp-content/uploads/2012/04/ella-sexo21-300x214.jpg" alt="" width="300" height="214" /></a></p>
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<p>Unas 4.000 personas participaron en una encuesta de Entremujeres. La pregunta: “¿Qué odias que te digan después de tener sexo?” La respuesta femenina es contundente. Y el reclamo por mayor atención, también, reseñó el diario Panorama.</p>
<p>N° 1: “Me tengo que ir”</p>
<p>Es la frase más odiada tras una noche de pasión. El 41% de las mujeres busca un poco de atención, que el hombre se muestre a gusto, que diga cuánto disfrutó… ¡Y que no salga corriendo! Tuvo 1.642 votos, más del doble que el segundo puesto. Impresionante.</p>
<p>N° 2: “¿Dónde está el control remoto?”</p>
<p>Ya lo descubrimos en otra encuesta de Entremujeres: lo que nosotras queremos, después de tener sexo, son mimos y… ¡bis! Así que ponerse a mirar televisión, a leer una revista o a llamar a los amigos no son prioridades femeninas. Ni nos bancamos que ellos lo hagan. Votaron esta frase 798 personas, el 19% de las participantes.</p>
<p>N° 3: “No tengo ganas de hablar”</p>
<p>Una vez más, nos molesta la indiferencia. La mayoría de nosotras le da importancia al encuentro sexual y a lo que viene después de él. Es el momento de charlar, de conocernos mejor, de compartir intimidades… Cuando del otro lado no pasa lo mismo nos sentimos frustradas. Al menos, eso siente el 16 % de las participantes, que son 649 mujeres.</p>
<p>N° 4: “No quiero compromisos”</p>
<p>Vos estás súper enganchada. Salieron un par de veces y el broche de oro fue en tu cama. Ya estás fantaseando con todo lo que se viene: viajes, reuniones familiares, convivencia, casamiento, hijos… ¡Zaz! La cruel realidad llega en tres palabras: “No quiero compromisos”. Es la frase más odiada por 499 mujeres, el 12 % de las participantes.</p>
<p>N° 5: “¿Me puedo quedar?”</p>
<p>Estamos ante el caso inverso. Para vos es un touch and go. Lo viste, te gustó, lo llevaste a la cama. La pasaron genial y aspiras a que todo quede así, hasta un posible (o no) futuro encuentro. Pero él quiere dormir a tu lado, despertar juntitos, tomar el desayuno…. ¿Te da terror? Eso sienten 416 mujeres, sólo el 10 % de las encuestadas.</p>
<p>Los resultados son contundentes. El puesto N° 1 (“Me tengo que ir”) y el puesto N° 5 (“¿Me puedo quedar?”) son diametralmente opuestos. El 41% de las mujeres quieren que los hombres se queden, duerman con ellas y, por qué no, amanezcan a su lado. Solo el 10% prefiere, después de una jornada de éxtasis, que los amantes sigan su rumbo.</p>
<p>Sacando cuentas, parece que las cosas son como siempre fueron. Le decimos “no” al abrazo descartable. Y evitamos que el “toco y me voy” se instale en nuestras sábanas.</p>
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		<title>Diez zonas orgásmicas que seguro nunca has explorado</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Apr 2012 22:53:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; Siempre que una pareja quiere vivir gratos momentos llenos de placer, recurre a la estimulación de las llamadas zonas erógenas, que como indica plannedparenthood.com, son áreas determinadas de nuestro cuerpo que nos provocan excitación cuando las tocan.  Ya sabemos que acariciando y tocando correctamente los órganos sexuales, así [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://robertorosenzvaig.cl/wp-content/uploads/2012/04/pareja2.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-830" title="pareja" src="http://robertorosenzvaig.cl/wp-content/uploads/2012/04/pareja2-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a></p>
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<div>Siempre que una pareja quiere vivir gratos momentos llenos de placer, recurre a la estimulación de las llamadas zonas erógenas, que como indica plannedparenthood.com, son áreas determinadas de nuestro cuerpo que nos provocan excitación cuando las tocan.</div>
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<p> Ya sabemos que acariciando y tocando correctamente los órganos sexuales, así como otras partes del cuerpo tales como la espalda, las orejas, piernas y cuello nos provocarán esa sensación de deseo y de querer vivir aún un momento mucho más íntimo.</p>
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</div>
<p>Pero aunque no lo creas, todo nuestro cuerpo posee cientos y cientos de terminaciones nerviosas por lo que hay varias partes de nuestro organismo que se convierten en perfectas fuentes de placer.</p>
<p>Los sitios nosotras.com, así como tiffotos.com, nos enseñan 10 puntos que nos proporcionan placer y que quizá desconozcas. En De10.mx te decimos cuáles son estos para que pongas manos a la obra y practiques tus mejores técnicas.</p>
<p><strong>1. La curvatura del labio inferior. </strong>Nos referimos exactamente al punto central de tu labio inferior que prácticamente se convierte en la barbilla, pues en ese punto convergen decenas de terminaciones nerviosas, las cuales bien estimuladas provocan el máximo placer, tanto en hombres como en mujeres.</p>
<p>Mujer40.blogspot.mx recomienda que para estimular esta zona debes besar al otro apasionadamente, succionando un poco y sutilmente esta parte de la boca. Con tu lengua, haz pequeños masajes de arriba hacia abajo y sorprende a tu hombre aprisionando el labio con tu boca, sensación que le provocará un tipo de descarga directa en el pene.</p>
<p><strong>2. La manzana de Adán.</strong> Como verás, este punto es exclusivo de los caballeros. Esta parte de la fisonomía masculina, la cual resguarda a la glándula tiroides, está íntimamente relacionada con todos los genitales, por lo que si una mujer pretende un encuentro sexual con su pareja tendrá que estimular esta área.</p>
<p>Te recomendamos que lo acuestes boca arriba, con una almohada en la cabeza para que ésta levante un poco su cuello; moja tus labios y ve dando besos tiernos en la zona y cuando llegue al corazón de la manzana, utiliza tu lengua para seducirlo.</p>
<p><strong>3. Los tobillos.</strong> Precisamente entre el talón y el hueso de los tobillos hay un punto nervioso que está ligado de manera directa a los genitales. Sabiendo esto, puedes iniciar la sesión romántica dándole un pequeño masaje en los pies, haciendo un poco de presión en esta zona.</p>
<p>También, durante el acto sexual, colócate cerca de las plantas y estimúlale apretando este punto, siguiendo el ritmo de sus movimientos, verás cómo con esto él alcanzará gran excitación.</p>
<p><strong>4. Los pezones de los hombres.</strong> Es por todos conocidos que uno de los puntos más sensibles en las mujeres son los senos y por lo tanto, los hombres concentran gran parte de su atención en estimularlos para lograr un momento sexual inolvidable.</p>
<p>Sin embargo, las chicas olvidan que para ellos también esta parte del cuerpo les produce una reacción positiva cuando se les estimula de manera correcta. Con la lengua recorre sus pezones y vez haciendo pequeños mordiscos que vayan subiendo de intensidad, lo cual le hará sentir cosas gratas en todo su cuerpo. Si chupas un hielo antes de hacerlo, te garantizamos mayor éxito.</p>
<p><strong>5. Perineo.</strong> Es la zona que va de los testículos al ano y es ahí en donde se localiza la próstata, una de las glándulas masculinas que poseen un poder altamente orgásmico.</p>
<p>Pocas veces se toma en cuenta esta parte del cuerpo, así que desde ahora provócalo dándole besos, caricias con la lengua, así como pequeños mordiscos y sutiles caricias con tus dedos. Si lo que quieres es que él alcance el clímax, entonces aprieta con mayor fuerza para que así ambos lleguen al orgasmo.</p>
<p><strong>6. El pliegue entre los testículos.</strong> Es precisamente la parte en donde se juntan los testículos con la base del pene. Pocas mujeres exploran esta parte del cuerpo de sus parejas, dejándolos en el olvido y perdiéndose, quizá, de una oportunidad de oro para vivir una sesión candente de sexo.</p>
<p>La mejor forma de estimular esta área es acariciando la parte inferior de los testículos y ejerciendo un poco de presión en el pliegue; sube y baja tus dedos pausadamente en dirección hacia el escroto. Si lo haces adecuadamente, le regalarás a tu pareja un momento de infinito placer.</p>
<p><strong>7. La punta del pene.</strong> Quizá siempre te esfuerzas en estimular por completo a este miembro y descuidas la punta, lugar en donde se concentran todos los nervios relacionados con la sexualidad masculina.</p>
<p>Así que la próxima ocasión, trata de estimular al miembro por completo. Podrías untarte lubricante en las manos y hacer un pequeño y delicado masaje con tus dedos o bien, rózalo con tus labios o frótalo en tu boca, sin llegar a nada más. Te aseguramos que le generarás a tu pareja una sensación inigualable.</p>
<p><strong>8. Frenillo.</strong> Es precisamente la parte del pene que une el glande con el resto del miembro. Pocas chicas en realidad saben que acariciándolo de forma adecuada, le darán a su pareja el total de los placeres sin hacer un gran esfuerzo.</p>
<p>Intenta sujetar la base del pene y en la punta, haz con la lengua círculos pequeños y lentos y mueve tu mano de arriba hacia abajo, esto lo dejará sin aliento.</p>
<p><strong>9. Las ingles.</strong> Es una de las partes más sensibles del cuerpo, sobretodo la cara interna de los muslos, así que recorre con tus dedos la pierna de tu pareja, desde la cadera hasta la parte interior de los muslos. Dale un plus acompañando esta acción con una buena sesión de besos y caricias con las cuales calentarás motores.</p>
<p><strong>10. El ombligo.</strong> Según sitiosespana.com, es una de las zonas erógenas más fuerte de todo el cuerpo, sobretodo en las mujeres. Besos y caricias alrededor de él tiene un matiz altamente sensual para ambos géneros.</p>
<p>Trata de hacer caricias en la parte baja del ombligo hasta llegar al pubis, esto hará que tu pareja se relaje e incrementa el deseo sexual, debido a las terminaciones nerviosas que se encuentran en el área, indica masajes-barcelona.es. / <a href="http://de10.com.mx/">de10mas</a></p>
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		<title>Los problemas sexuales</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Apr 2012 12:50:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Como terapeuta de pareja, puedo afirmar que los problemas sexuales que surgen en la vida compartida casi siempre se basana en los modos en que ambos manejan los inevitables conflictos que se generan en la coexistencia. Cuando estos provienen del terreno sexual, las diferencias no resueltas pueden generar emociones dolorosas,frustración, incomprensión y también resentimiento. El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3></h3>
<p>Como terapeuta de pareja, puedo afirmar que <strong>los problemas sexuales</strong> que surgen en la vida compartida casi siempre se basana en los modos en que ambos manejan los inevitables conflictos que se generan en la coexistencia. Cuando estos provienen del terreno sexual, las diferencias no resueltas pueden generar emociones dolorosas,frustración, incomprensión y también resentimiento.</p>
<p>El tema es relevante desde que las investigaciones muestran que el treinta por ciento de todas las consultas psicológicas en pareja se deben a <strong>los</strong> <strong>problemas sexuales</strong>, aunque muchas veces el motivo de consulta aparezca encubierto por dificultades en la vida de relación que poco parecen tener que ver con lo sexual.</p>
<p>El <strong>problema sexual</strong> puede ser visto como la punta de un iceberg que representa el distanciamiento erótico resultante de los conflictos de pareja no resueltos o como un escollo específico que condiciona negativamente la relación: las dos posibilidades son ciertas.</p>
<p>Hay parejas que tiene buenas relaciones generales pero no logran armonizarse en la cama, otras que recuerdan un pasado pleno de satisfacciones por contraposición con un presente erótico empobrecido.</p>
<p>Los problemas de la experiencia sexual en pareja son complejos porque siempre tienen que ser considerados a partir de tres variables: dos individuales y una conjunta. Cada sujeto trae consigo sus experiencias negativas y positivas, sus expectativas y necesidades personales; todos ellas se combinan con las que porta a su pareja. De este entrecruzamiento surgen los conflictos que se distribuyen en ejes:</p>
<p><strong>Primer eje: Las necesidades individuales y su satisfacción.</strong></p>
<p>Los seres humanos somos entes indisolublemente ligados al placer y a las recompensas, todo nuestro sistema nervioso central funciona en busca de aquellos estímulos que satisfacen necesidades, con la particular característica de que estas necesidades son creadas permanentemente para luego buscar los caminos que permitan satisfacerlas componiendo una espiral interminable.</p>
<p>Sin embargo muchos olvidan que esas necesidades, excepto las vitales, son absolutamente personales y terminan creyendo en su profunda naturalidad, por lo que se frustran infantilmente cuando no reciben la recompensa que sacie su demanda.</p>
<p>Como ejemplo de este hecho están aquellos, generalmente varones, que buscan una frecuencia de encuentros sexuales alta bajo la justificación de un deseo irrefrenable que surge desde el fondo de su ser biológico, que al no ser satisfechos reaccionan con enojo, distanciamiento y presión sobre la pareja.</p>
<p>Ellos confunden deseo con ansiedad, no tienen consciencia que esa es una necesidad creada, y se creen el cuento de la presión biológica, lo único que verdaderamente desean es la descarga que actúa como recompensa. Por ello es que el tema de la baja frecuencia sexual encabeza la lista de las quejas masculinas, aunque no faltan las mujeres que se quejan de lo mismo.</p>
<p>Cuando una persona siente y expresa una necesidad desea que esta sea reconocida y aceptada; en el plano erótico esto se ejemplifica a través de los deseos de seducción, de conexión afectiva, de caricias y juegos previos al contacto genital, de comunicación, de respeto por los límites, de tolerancia y otras. Cada necesidad incluye expectativas; estas pueden ser mínimas, altas o aún irreales, pero siempre válidas para el sujeto que las formula; si el otro no las entiende o las descalifica la contradicción se hace evidente.</p>
<p>La tarea para superar el problema en este nivel tiene tres partes: inicialmente se centra en la consciencia de nuestras necesidades; debemos interrogarnos acerca de ellas y la pregunta tiene que producir  respuestas. Si no las tenemos el problema está situado en nosotros mismos y  se debe trabajar en ese dominio que antes de pedir que el otro las comprenda.</p>
<p>Hay quienes creen que la pareja tiene que tener dotes de adivinación y percibir lo que se quiere dar a entender, por el contrario pienso que debemos ser claros y precisos en nuestras demandas si queremos que estas sean satisfechas.</p>
<p>Por eso es que esta segunda parte del desafío consiste en desarrollar la capacidad  de expresar nuestras necesidades en voz alta para que sean escuchadas y finalmente en insistir o aún luchar para que esas necesidades sean reconocidas como legítimas.</p>
<p><strong>Segundo eje: deseo sexual y  frecuencia de las relaciones sexuales.</strong></p>
<p><strong>Deseo </strong></p>
<p>Se suelen asociar los problemas de la frecuencia sexual con los del deseo, pero ambos expresan escenarios muy diferentes. Los primeros representan básicamente un territorio de discordancias que como tales pueden ser sujetas a negociaciones más o menos eficaces, en cambio los problemas del deseo sexual expresan conflictos más profundos individuales o del vínculo.</p>
<p>El deseo y la satisfacción aparecen como los núcleos centrales de la vida erótica, porque de ellos dependen la vitalidad y el sentido de cada encuentro. De allí que cuanto más tempranamente se produzcan las dificultades &#8211; generalmente dentro de los tres primeros años de la pareja- más negativo se presenta el panorama, porque una de las principales funciones de la sexualidad en la pareja es la de crear placeres compartidos.</p>
<p>El deseo de ser deseado por quien uno desea es poderoso, tanto como desear a quien nos desea y cuando eso no ocurre se produce un vacío difícil de llenar. Se puede insistir, provocar, seducir; pero si no se logra una respuesta positiva el que buscaba se distancia a su vez.</p>
<p>La brecha que se produce a través de esta acción aparta cada vez más a los cónyuges, tanto en lo emocional como en lo corporal.</p>
<p>La persona (él o ella) que tiene bajo deseo sexual piensa que el otro es hipersexual, la persona con mayor deseo piensa exactamente lo contrario<strong>.</strong></p>
<p>Los sujetos afectados por un descenso o ausencia de su deseo sexual no componen grupos homogéneos, sino que muestran ciertas diferencias como las que se consignan a continuación:</p>
<ul>
<li>En primer lugar están aquellos o aquellas que jamás se han sentido muy sexuales, ni han creído que el sexo sea un elemento importante en sus vidas; a lo largo de su existencia han pasado por largos períodos de abstinencia y soledad.</li>
</ul>
<p>Simplemente no se sienten sexuales, ni otorgan mayor importancia a las relaciones sexuales como fuente de placer corporal.</p>
<p>La situación sería más fácil de entender si ellas y ellos fuesen afectivamente distantes en todas las circunstancias, pero no es así, porque son perfectamente capaces de manifestar ternura y cariño a través de contactos físicos, pero siempre por fuera o en el límite de la situación sexual, cuando por una razón u otra acceden a mantener relaciones sexuales se vuelven rígidos y distantes. Tienen un “sexoestato” bajo, es decir, que actúan como si su regulador de anhelo sexual se hubiese quedado fijado en un punto mínimo.</p>
<p>Si respetaran esta condición tendrían una vida más congruente, sin embargo se casan o se unen en pareja con la secreta esperanza de que esta limitante no ocasione mayores conflictos, pero suelen equivocarse eligiendo a personas con deseos sexuales fluidos lo cual tarde o temprano llevará a dificultades en la unión.</p>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>En segundo lugar están los que por una formación familiar o religiosa muy represiva o por haber padecido una experiencia particularmente traumática, se han convencido de que el sexo es algo oscuro y sucio por lo cual hacen todo lo posible para evitarlo, cuando ocasionalmente aceptan las relaciones sexuales estas ocurren rápida y mecánicamente sin placer asociado a la experiencia.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>En tercer lugar aparecen los que luego de un período en el cual disfrutaron de buenas relaciones sexuales han caído en inapetencia coincidiendo con una pareja en crisis, la falta de deseo actúa en este caso como un barómetro que marca la dimensión del conflicto.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>En cuarto lugar se muestran las que a través de la falta de deseo revelan en forma inapelable el rencor y la rabia acumulada por una pareja donde el sometimiento ha sido la norma.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>El quinto grupo coincide con aquellas personas que sufren de un proceso depresivo que anula sus capacidades de disfrute, no sólo del sexo, sino de la vida misma.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>El sexto lugar lo ocupan quienes han presentado o presentan conflictos con su orientación sexual, que no asumen como tales, y se casan en un esfuerzo por mimetizarse como heterosexuales activos.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>En séptimo lugar aparecen los o las  “trabajólicas” que todo lo hacen en pos de sus metas de progreso económico sin darse cuenta de lo que dejan en el camino, su vida de estrés permanente afecta el deseo. En este grupo se sitúan las parejas de jóvenes con pocos años de matrimonio, involucrados en una carrera de ascenso laboral vertiginoso, en jornadas laborales interminables que muchas veces continúan en la propia casa.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>En octavo lugar están los que han encontrado otro destinatario (a) del deseo erótico, y no es que carecen del mismo, sino que su objeto de deseo ha cambiado.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>En noveno sitio, que tal vez debiera colocarse en el primero por su carácter común, está el grupo que no desea por frustración sexual, por desatención o simplemente por no sentirse queridos; este no es un fenómeno exclusivo que afecta a mujeres porque refleja a todos los que recuerdan una historia de amor y erotismo que se fue apagando con el tiempo; la química sexual que unía a la pareja parece haberse  desvanecido.</li>
</ul>
<div>
<p><strong>Tercer eje: Espontaneidad versus planificación.</strong></p>
<p>Si los acuerdos en torno a la frecuencia sexual suelen presentar problemas, también sucede lo mismo con la oportunidad del encuentro.</p>
<p>Hay palabras que cuando se refieren a los comportamientos humanos tienen una connotación positiva automática, mientras que otras sugieren lo opuesto. Este es el caso de la espontaneidad, que es contemplada como un rasgo deseable en las relaciones entre personas; en cambio las acciones que surgen preparadas o elaboradas con cierta planificación son consideradas con reticencia o sospecha. Por supuesto que estas definiciones no se aplican del mismo modo a cada situación, porque el ejercicio de una acción planificada será evaluado en forma distinta de acuerdo al contexto en que se ejecuta. Por ejemplo se admite pensar y repensar los ingredientes para realizar una comida, la forma en que se va a decorar la mesa, la vajilla, los vinos. Se acepta organizar un paseo familiar con semanas de anticipación, o una salida con amigos, etc.etc.</p>
<p>Sin embargo en las relaciones personales más cercanas la planificación suena a control, de este modo se fuerza a los individuos a ejercer una cierta disociación entre las acciones donde se admite y se recomienda considerar los actos para obtener un fin, de aquellas otras donde esa misma conducta se señala como negativa. Esto parece loco; porque que es lo mejor entonces: ¿Pensar en lo que vamos a hacer para optimizar el resultado? ¿O actuar intuitivamente reprimiendo todo cálculo? En verdad la espontaneidad parece surgir también de un deseo consciente de aparecer ante los demás con soltura y libertad, de donde surge una nueva pregunta: ¿Será espontánea la espontaneidad?</p>
<p>En la vida de una pareja este será un tema recurrente, y luego de años de convivencia surge comúnmente el reclamo contra la planificación de las actividades eróticas, como si ellas debieran surgir inesperadamente en un rutilante momento de pasión, y todo preparativo previo las enfriara.</p>
<p>Esta visión idealizada impide comprender que un acto creativo no surge de la nada, sino que se sostiene sobre una base que lo permite. Si podemos imaginar los ingredientes de una comida, los detalles de su preparación, la mezcla de sabores, aromas y colores que generarán un plato delicioso, y disfrutar anticipadamente del momento final en que nos llevemos el bocado a la boca ¿Que es lo que impide replicar esta idea y estas acciones en el plano erótico? Nada, excepto la automática descalificación de la planificación en la vida sexual; porque en el primer caso no existe ninguna posibilidad de generar ese banquete para los sentidos sin recurrir a un lugar para proveerse de los insumos necesarios, y en el segundo tampoco es posible sin disponer del tiempo, el espacio, el momento oportuno, que obviamente pueden ser pensados y dispuestos con anterioridad.</p>
<p>Yo creo que la espontaneidad empieza donde termina la planificación, y que de ninguna manera son incompatibles, sino absolutamente complementarias.</p>
<p><strong>Cuarto eje: prácticas y contextos</strong></p>
<p>Entre la apetencia sexual y su satisfacción se crea una brecha difícil de llenar, tal vez por ello es que se han escrito tratados sobre técnicas sexuales desde los griegos hasta la fecha. Esta es una herencia que ha quedado marcada en la erótica, que en un sentido moderno  hace referencia a las artes amorosas, a todas aquellas técnicas que se colocan al servicio del placer sensual y que se instrumentan en función del goce compartido de los amantes.</p>
<p>La época en que vivimos, como ninguna otra, se caracteriza por la proliferación y accesibilidad a las informaciones sobre las múltiples posibilidades del sexo.</p>
<p>Con sólo “<em>Guglear”</em> las palabras “técnicas sexuales”, aparecen en nuestro computador 1.840.000 puntos de información; si la búsqueda se hace en inglés los puntos son 2.450.000.</p>
<p>Probablemente solo un gran entusiasta del sexo sería capaz de recorrer todas estas opciones y lo más probable es que se encuentre con infinitas repeticiones. Sin embargo si se tiene paciencia se pueden obtener ideas o propuestas originales para enriquecer la vida sexual.</p>
<p>Luego viene el tema de inducir o proponer a la pareja la práctica concreta de la técnica aprendida, pero aquí surge un pequeño o gran inconveniente, porque no hay ninguna práctica sexual, por depurada que parezca, que garantice placer sexual a los ejecutantes.</p>
<p>Un problema, por el cual muchas parejas se complican, reside en el tipo de repertorio sexual que cada uno acepta y promueve o que por el contrario rechaza; y en las condiciones o contexto en las que alguien se siente abierta o receptiva a la relación sexual o su opuesto. En palabras más concretas, representan el Cómo y el Dónde.</p>
<p>Las prácticas sexuales que las personas llevan a cabo de común acuerdo tienen un objetivo definido, que es el de proporcionar placer a ambos, respetando ciertos límites individuales determinados por la idea que todos tenemos de lo que es normal y de lo que no lo es.</p>
<p>Dentro de una concepción religiosa estricta, sería natural lo que puesto sobre una dimensión heterosexual se resume en una intención procreativa. Todo lo que se aparta, tanto en términos de contactos no genitales, posiciones, deseos o fantasías anidadas en el plano de lo erótico es condenable o por lo menos sospechoso.</p>
<p>En un pasado no muy lejano y por restringido que parezca, esta era la norma, aún cuando las prácticas concretas de las parejas en su intimidad se distanciaran de esa regulación absoluta.</p>
<p>La noción de naturalidad se enlaza con la de normalidad, que es un concepto elaborado en base a los estudios científicos, estadísticos y antropológicos disponibles; sin embargo ningún hallazgo puede dejar de lado que cada época histórica y cada cultura ha determinado sus propios parámetros de lo que se considera normal; es decir que esta noción no es universal, ni única, sino que depende de la forma que las personas han sido socializadas y educadas.</p>
<p>Probablemente todos, en algún momento de nuestra experiencia sexual, nos hemos preguntado si un deseo, una fantasía o una acción concreta que estábamos realizando o que nos estaban incitando a realizar eran normales. Este punto es relevante porque puede determinar vergüenza, inhibición, o un recuerdo traumático no resuelto.</p>
<p>En el encuentro sexual se entrecruzan dos líneas evolutivas de experiencias que incluyen lo que cada cual estima que es normal y lo que no lo es. Cuando hay concordancia ambos podrán explorar hasta los límites de su deseo todas las posibilidades sexuales. En cambio cuando hay barreras o censura se abre un espacio de conflicto.</p>
<p>Hay personas que suelen complicarse cuando se les formulan pedidos explícitos que incluyen demandas de expresiones, posiciones, o contactos que no están dispuestas a practicar.</p>
<p>Suelo preguntarles a las parejas que atiendo sobre qué zonas de su cuerpo están abiertas al contacto o la caricia y cuáles no. Algunas respuestas son sorprendentes, porque si bien un amplio grupo permite o entrega caricias sin límites, otros son bastante restringidos. Mujeres que aceptan y disfrutan al estimular oralmente a su pareja pero que rechazan lo mismo por parte de ellos. Varones que demandan caricias manuales u orales sobre sus genitales, pero que se resisten a practicarlo a su vez.</p>
<p>El sexo anal, por ejemplo, es una variante que una generación atrás era territorio prohibido para muchos, pero que en cambio hoy se acepta con menos trabas. Sin embargo no es bidireccional, porque esta práctica es considerada “normal” cuando se dirige hacia la mujer, pero resistida si es ella quien busca jugar con esta región de su pareja.</p>
<p>El uso de disfraces, juguetes sexuales o pornografía estimula poderosamente a algunos, mientras que en otros actúa en forma inversa. Es decir que no hay estimuladores garantizados, sino que eso se relaciona con una actitud, porque hay gente que es lúdica y otras que no lo son.</p>
<p>Un reclamo reiterado se refiere al escaso valor que algunos otorgan a lo que se llama comúnmente “preparación para”.</p>
<p>Si se interroga a las parejas sobre el tiempo que transcurre desde que se dan el primer beso hasta que todo ha concluido, las respuestas generalmente coinciden en señalar que ocupan entre 20 y 30 minutos. Sin embargo para otros –generalmente los que tienen problemas- todo ocurre en un abrir y cerrar de ojos. Algunos besos, un par de caricias, estímulos manuales, penetración, eyaculación y eso ha sido todo. Lo cual equivale a decir nada. Un intercambio elemental que en algún momento pasará la cuenta.</p>
<p>Si uno encuentra satisfacción mientras el otro se frustra o se resigna, ambos están colaborando en la construcción de un guión rutinario, en lugar de buscar o practicar los cambios necesarios para el placer compartido. Siempre es posible mejorar, pero para ello hay que estar alerta a los deseos legítimos de nuestra pareja.</p>
<p><strong>Quinto eje: Problemas sexuales específicos </strong></p>
<p>Conexión, excitación, respuesta.</p>
<p>En los estudios sexológicos clásicos desde Masters &amp; Johnson hasta la fecha los problemas sexuales se ubican dentro del llamado ciclo de respuesta sexual. Este es un modelo que a partir de la biología interpreta los fenómenos que ocurren durante la interacción sexual humana.</p>
<p>Si se mira la sexualidad de las personas desde este prisma lo que ve son acciones encadenadas por el deseo y que deben culminar en una respuesta satisfactoria.</p>
<p>En la práctica clínica los motivos por los cuales las personas consultan se dividen; principalmente entre aquellos y aquellas que lo hacen por la disminución o ausencia de su deseo sexual, las que lo solicitan por obstáculos involuntarios para lograr completar una relación sexual (dispareunia o vaginismo), los que llegan preocupados por su dificultad para sostener o mantener una erección adecuada, los que no logran establecer un control razonable y voluntario de su eyaculación, las que quieren experimentar un orgasmo en pareja y no lo consiguen.</p>
<p>Cada síntoma tiene características particulares, pero un denominador común, que como ya he señalado se centra en las emociones negativas que la persona padece, pero no siempre percibe en sí misma asociadas con el problema.</p>
<p>Cada disfunción sexual, tiene además un impacto específico sobre la vida general de la pareja, no es intrascendente, sino que suele constituirse en un núcleo duro de insatisfacción.</p>
<p>El sujeto afectado o la pareja necesitan encontrar alternativas de resolución si no quieren verse envueltos en un circuito de frustración o resignación.</p>
<p>En mi experiencia de terapeuta he visto como las consultas son ahora cada vez más tempranas, casi al inicio de la pareja. Antes trascurrían años de indecisiones hasta que se decidían a concurrir a un profesional.</p>
<p><strong><br clear="all" /> </strong></p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Dispareunia y vaginismo</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Apr 2012 14:30:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto</dc:creator>
				<category><![CDATA[Trastornos Sexuales]]></category>
		<category><![CDATA[dispareunia]]></category>
		<category><![CDATA[dolor sexual]]></category>
		<category><![CDATA[penetración dolorosa]]></category>
		<category><![CDATA[sexual]]></category>
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		<description><![CDATA[Existen dos consultas frecuentes y típicas relacionadas con la dificultad persistente que suelen padecer muchas mujeres ante el intento de penetración o durante el acto sexual. La primera se denomina vaginismo y la segunda dispareunia. Los dos cuadros tienen un denominador común físico y psicológico: la presencia de dolor en la relación sexual. Sin embargo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Existen dos consultas frecuentes y típicas relacionadas con la dificultad persistente que suelen padecer muchas mujeres ante el intento de penetración o durante el acto sexual.</p>
<p>La primera se denomina vaginismo y la segunda dispareunia.</p>
<p><span id="more-82"></span>Los dos cuadros tienen un denominador común físico y psicológico: la presencia de dolor en la relación sexual. Sin embargo ambas expresiones clínicas difieren en su manifestación, porque mientras el vaginismo se expresa a través de la contractura (espasmo) involuntaria e inconsciente de la musculatura perineal y por ende de la vagina. La dispareunia se expresa a través de la molestia o dolor ante o después de la penetración. En este artículo voy a tomar ambos trastornos en forma conjunta, señalando sus similitudes y diferencias.</p>
<p>No hay que entender que la contracción muscular es la causa del vaginismo y de la dispareunia, sino su consecuencia, porque el factor básico es emocional y está centrado en una de las más poderosas expresiones humanas: el miedo. Esta distinción no es menor porque parece claro que no es lo mismo tratar el dolor (a través de cualquier técnica que utilicemos) que el miedo(a través de una terapia centrada en las emociones).</p>
<p>Se ha subestimado la prevalencia del vaginismo y la dispareunia, tanto es así que en algunos sitios supuestamente especializados en trastornos sexuales se ofrece una cifra menos al 6%, cuando hoy día se cree que afecta entre el 15% y 25% de las mujeres menores de 30 años. Para entender esta cifra es relevante destacar que la consulta por dispareunia ha aumentado considerablemente, no solo en Chile sino en distintos países en los últimos 10 años; una explicación posible es que las mujeres ya no consideran que solo deban admitir el sexo, sino también y principalmente disfrutarlo.</p>
<p>Los pocos estudios representativos sobre los antecedentes de las pacientes con vaginismo revelan que un número representativo de ellas fue objeto de algún tipo de abuso sexual durante su infancia, que recibieron una educación religiosa estricta, o que se les transmitió una visión de las relaciones sexuales obscura, separada del amor, pecaminosa.</p>
<p>Sin embargo no todas las mujeres abusadas o contaminadas por una educación represiva y sancionadora presentan este tipo de cuadros, porque lo que se combina aquí es la experiencia negativa con un tipo de personalidad de rasgos infantiles y dependientes.</p>
<p>Las dispareunias, en cambio, no ofrecen datos significativos, tanto en cuanto a las experiencias previas, como a un tipo específico de personalidad, excepto una gran intolerancia al dolor físico.</p>
<p>El vaginismo es generalmente primario, es decir que se ha presentado desde el inicio de los intentos por mantener relaciones sexuales y ha impedido la penetración. En cambio son muchos los casos de mujeres que han mantenido relaciones sexuales completas y placenteras, y que posteriormente desarrollan un cuadro de dolor. Se ha visto en este tipo de pacientes algún tipo de suceso (infección local como la candidiasis) que desencadenó una respuesta de dolor que luego persistió, a pesar de haberse sanado en términos biológicos.</p>
<p>Las mujeres que presentan vaginismo o dispareunia no solo temen al dolor resultante de la penetración, sino al dolor en general. Se horrorizan frente a la toma de una muestra de sangre, se conmocionan si deben asistir al dentista. Sufren por anticipado y efectivamente muestran un umbral muy bajo de tolerancia al dolor.</p>
<p>Muchas jamás han consultado a un(a) ginecólogo(a), o lo han hecho en una sola ocasión. Aún cuando este examen se hace imprescindible para determinar o descartar los factores orgánicos del trastorno, hay que ser sumamente cuidadosos para minimizar el factor traumático de este primer contacto con el médico. La paciente requiere que el ámbito y el/la profesional sean confiables, serenos y tranquilizadores. De otro modo se corre el riesgo de aumentar el temor en lugar de reducirlo.</p>
<p>Es absolutamente relevante determinar como el dolor interfiere con el placer y particularmente con el deseo.</p>
<p>Se requiere diferenciar que tipo de dolor siente la paciente: localización del dolor, intensidad del mismo y cualidad del dolor, porque no es lo mismo una sensación de ardor, otra quemante, a aquella que se define como una molestia. Como se provoca el dolor y cuando desaparece. Cuánto se prolonga después de la relación.</p>
<p>Las mujeres que aceptan la relación sexual aún sufriendo de dolor en grados variados lo hacen por diferentes razones: la más frecuente es cuando responden a la presión de una pareja que parece incapaz de sintonizarse con el padecimiento. Los varones suelen creer que esta es una “maña” asimilable al dolor de cabeza y como tal controlable, o descalificándolo como invento para evitar las relaciones sexuales. Otras intentan complacer a su pareja para evitar riesgos como la infidelidad. Y están también las que creen que el dolor puede desaparecer mágicamente.</p>
<p>De todos modos la razón por la cual las pacientes o las parejas acuden a terapia es para eliminar las barreras y mantener una relación sexual “normal”; esta palabra acarrea consigo un verdadero mapa del mundo sexual, porque contiene todas las ideas, actitudes y expectativas que las personas han desarrollado sobre el vínculo sexual. En relación con este punto debo aclarar que los criterios clínicos que se han utilizado se limitan a considerar la penetración o la ausencia de dolor como señal de éxito terapéutico; en mi opinión este es solo el comienzo, porque una relación sexual debe ser acompañada de placer y ese debe ser el objetivo final.</p>
<p>He trabajado con más de 50 mujeres con trastornos dolorosos, desde adolescentes hasta personas de más de 40 años. Pero hay casos que son paradigmáticos. Como el de una paciente de más de 40 años con 18 años de matrimonio no consumado por su vaginismo. Jamás había realizado una consulta ginecológica ni psicológica y si ahora se atrevía era porque su marido la estaba “abandonando”, ella asumía la culpa por no haberle permitido consumar su matrimonio en estos años. Sin embargo dejaba de lado o no percibía la responsabilidad que él también puede haber tenido.</p>
<p>Frente a la posibilidad de ruptura ella decide asistir a un sexólogo. Porque, según sus palabras, nunca desistió verdaderamente de su anhelo de convertirse en una mujer normal con una pareja normal.</p>
<p>Sus últimos intentos de penetración datan de años atrás.</p>
<p>Cuando relataba el modo en que ambos se vinculaban aparecen una serie de prácticas mecánicas, durante el pololeo se acariciaban con ropas, nunca desnudos. Se excitaba y notaba que él también por sus erecciones.</p>
<p>Después del casamiento sus intentos por penetrar fueron infructuosos. Jamás practicaron alternativas tales como el sexo oral y tampoco hubo caricias en sus genitales por parte de él. Eran unos pocos besos, estímulos en el cuerpo y luego intentaba ponerse encima de ella y penetrarla, hecho que nunca se logró, porque ella se resistía activa e involuntariamente a ello.</p>
<p>Con el paso del tiempo se establecieron una serie de rutinas, en la cual ella se animó a realizar sexo oral y también estimularlo manualmente para que eyaculara, pero en cada ocasión el intentaba la misma acción. Hasta que fue progresivamente perdiendo la calidad de su erección.</p>
<p>El pacto de silencio y enmascaramiento de ambos en torno al problema los alejó de la posibilidad de buscar ayuda profesional. De hecho en la circunstancia actual el marido no quiso asistir a la consulta a pesar de que ella se lo pidió, para poder tener una última oportunidad.</p>
<p>Trabajamos con esta paciente durante un período cercano a un año, y aún cuando sus mejoras fueron evidentes, la distancia afectiva y sensual entre ambos hizo imposible que se produjera la tan anhelada (por lo menos en el discurso) penetración. Se separaron y un año después me llamó para pedirme una entrevista, en ella relató con emoción y alegría como había podido vincularse con otro hombre mucho más tranquilo, lleno de consideración y cariño, con el cual estaba comenzando lentamente a ser penetrada.</p>
<p>Esta historia muestra con claridad que si hacen falta dos para bailar un tango, también hacen falta dos para sostener una situación de este tipo a lo largo del tiempo. Si bien es cierto que el foco de la terapia tradicional del dolor se fija en la consultante, no es menos cierto que sin un compromiso de la pareja para acompañar los cambios estos serán más lentos y difíciles.</p>
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		<title>Los celos.Parte primera</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Mar 2012 17:29:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Conflictos de Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[celos]]></category>
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		<description><![CDATA[CELOS No te amo, amo los celos que te tengo son lo único tuyo que me queda, los celos y la rabia que te tengo, hidrófobo de ti me ahogo en vino. No te amo, amo mis celos, esos celos son lo único que me queda. Cuando desaparezca en esos cielos de odio te ladraré [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p><em>CELOS</em><em></em></p>
</div>
<p>No te amo, amo los celos que te tengo<br />
son lo único tuyo que me queda,<br />
los celos y la rabia que te tengo,<br />
hidrófobo de ti me ahogo en vino.</p>
<p>No te amo, amo mis celos, esos celos<br />
son lo único que me queda.<br />
Cuando desaparezca en esos cielos<br />
de odio te ladraré porque no vienes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Armando Uribe Arce</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La mayor parte de las personas reconoce manifestar celos en grados variables, para algunos o algunas están mucho más marcados que para otras, e incluso han perturbado o puesto en riesgo el equilibrio de una relación de pareja pasada o presente.</p>
<p>Los celos representan la más ambivalente y contradictoria de las pasiones humanas, porque simultáneamente expresan posesividad, egoísmo, tensión, intolerancia junto con interés, amor, cuidado, pasión.</p>
<p>En los extremos parecen ser fenómenos tan diferentes que parece difícil pensarlos como parte de un mismo dominio, porque ¿donde se establece el nexo entre la locura de la celotipia infundada y la desesperación romántica por el desplazamiento del interés del ser amado sobre otra persona? Hay una cierta relación, por los procesos psicológicos involucrados, pero creo que habría que considerarlos como dos expresiones profundamente distintas, tanto por los pensamientos y las emociones involucradas, como por los efectos que producen. En el primer caso conducen inexorablemente a la destrucción del vínculo, en el segundo a un llamado de atención, de alerta o a la renovación del interés.</p>
<p>La Literatura nos brinda un ejemplo definitivo en el irracional Otelo, que dejándose llevar por las insidias del pérfido Yago termina asesinando a su entrañable amor Desdémona.  El delirio que lo lleva al asesinato se llamaría hoy en términos científicos celotipia, situación límite que lleva a un sujeto, varón o mujer, a una cerrada obsesión, que no conoce de remisiones clínicas, y que en su extremo patológico puede conducir al deseo de castigar al otro hasta la muerte. Afortunadamente no todos lo celosos crónicos llegarán a ser homicidas.</p>
<p>Por su lado, el inmortal Puccini mostró como los torturantes celos de Tosca (que le nombre a su conocida ópera) culminan llevando a la muerte a su amado Mario.</p>
<p>Sin embargo, aquí aparece un sesgo por el género, los celos agresivos, injustificados y violentos se presentan en forma mayoritaria entre los varones como expresión de la masculinidad más arcaica, aquella que se sintetiza en las pulsiones primitivas: comer, matar y fornicar.</p>
<p>En términos generales los hombres son más proclives a ser desconfiados, posesivos y  violentos que las mujeres, por ello es que manifiestan más a menudo un comportamiento descontrolado cuando creen o sospechan que su pareja está interesada en otra persona.</p>
<p><strong>La novela de los celos.</strong></p>
<p>Esta novela abreva de dos fuentes: la cultural y la personal, porque la sociedad en la que vivimos establece ciertas condiciones en las que “normalmente” se espera una reacción de celos y también traza las líneas de los comportamientos socialmente tolerados dentro de la reacción.</p>
<p>Sin embargo las señales para dudar del otro son completamente subjetivas y se vinculan con la capacidad de confianza, para algunos basta una mirada captada al azar, una conversación interesada, o ser objeto de atención (a veces simplemente cordial) para que se dispare la reacción. En ocasiones ni siquiera se hace necesaria la presencia de otra persona; porque el celoso ata cabos, establece relaciones, compara horarios, controla las relaciones sociales Siempre se lo ve alerta para detectar lo que él o ella imaginan como indudable, esto es, que se lo está engañando; esta presunción opera como un patrón irracional sobre el que no actúan los llamados al sentido común o los argumentos en contra, propios o ajenos. Es sumamente corriente que las personas celosas se arrepientan y juren por lo más sagrado, ¡que<em> nunca más</em>!<em> </em> Volverán a repetir escenas escandalosas o violentas, pero su decisión es tan efímera como su confianza, y lo más probable es que la acción se reitere.</p>
<p>Estas conductas no pertenecen exclusivamente al dominio masculino, hay mujeres que también enceguecen de celos y son capaces de desencadenar virulentas escenas frente a su pareja, cuando creen haber sorprendido al otro en un comportamiento errado.</p>
<p>Los celosos están atrapados en una narración que tiene un final definido y esperado. No persiguen la verdad sino la confirmación de lo que creen saber de antemano.</p>
<p>Los celos  están presentes en las interacciones de las parejas con las que convivimos diariamente, en nuestra vida social y en la práctica profesional psicológica.</p>
<p>El origen de la palabra proviene del griego <em>zelos,</em> derivada de <em>zeo</em>, “yo hiervo”. De acuerdo con el diccionario, el término da cuenta de la inquietud y la envidia producida por la relación afectiva de la persona amada con otras personas.</p>
<p>Es un conjunto de reacciones ante una posible amenaza –real o imaginada- a una relación valorada o a su calidad.</p>
<p>Se  considera que los celos son sentimientos displacenteros que expresan el temor a la pérdida de la pareja o el desagrado frente a una experiencia real o imaginaria referida a la experiencia emocional que su pareja ha tenido o tenga con una tercera persona. Tales experiencias evocan facetas diferentes de los celos: enojo, rabia, humillación, ansiedad, tristeza, depresión.</p>
<p>Se cree también que los celos constituyen un estado emocional provocado ante la percepción de una amenaza a una relación valorada por el sujeto; tal percepción activa comportamientos para eliminarla. Los celos son denominados sexuales si las relaciones amenazadas también lo son. En esta línea de análisis, sentirse celoso constituye una experiencia episódica, no una aflicción permanente, originada frente a pérdidas posibles y supone determinados modos de reaccionar. (Acciones).</p>
<p>Los sentimientos de celos sexuales incorporan dos ingredientes básicos: a) el temor a la pérdida de un vínculo afectivo sexual de pareja, b) la presencia de una tercera persona (real o imaginaria) que pone en peligro ese vínculo.</p>
<p><strong>¿Atávicos o culturales? </strong></p>
<p>Es interesante pensar si los celos pueden considerarse una conducta atávica propia de la evolución de la especie humana o una reacción emocional culturalmente determinada. ¿Son útiles o deben considerarse una pesada herencia basada en la posesividad y la demanda de exclusividad sexual?</p>
<p>Para entender los celos se requiere comprender los elementos de posesividad, de control y el sentido de propiedad que ellos expresan. Se cela lo que se estima y entiende como propio y se lo protege de la codicia ajena, real o supuesta.</p>
<p>Algunas teorías señalan que los celos son signos de inseguridad, neurosis o indicadores de un carácter débil, sin embargo parece que los hombres y mujeres carentes de celos fueron desplazados en la carrera evolutiva por rivales con una sensibilidad acrecentada y apasionada. En verdad, como dice David Buss, somos todos descendientes de una larga línea de ancestros que poseían esa peligrosa pasión.</p>
<p>Los celos de acuerdo con esta teoría son una adaptación, que en el lenguaje de la psicología evolucionista representa un desarrollo positivo en el recurrente problema de la supervivencia y la reproducción.</p>
<p>El tema dominante para los hombres ancestrales reside en su capacidad para fecundar y tener la certeza de que la descendencia les pertenece, pues en caso contrario su continuidad genética se vería perturbada, en tanto que las mujeres deben asegurar la inversión de su pareja a largo plazo, para sustentar la vida y la crianza de un hijo. Los hombres que desarrollaron mecanismos de sensibilidad frente a la infidelidad sexual adquirieron ventajas sobre aquellos indiferentes. Las mujeres que registraron las posibles desviaciones del compromiso paternal y del sustento de la pareja también sumaron ventajas.</p>
<p>Para ambos la relación es aceptada como valiosa y por consecuencia reaccionarán con un estado emocional específico conocido como celos frente a cualquier intervención externa sentida como amenazadora.</p>
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		<title>Los celos.Parte segunda</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Mar 2012 17:07:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Experienciando los celos</strong></p>
<p>En la experiencia de la emoción de celos hay elementos que la hacen más intensa. En primer lugar la condición y caracterización de la persona que se constituye en una amenaza; no cualquiera tiene la capacidad de generar esta reacción. Cuantos más atributos (reales o fantaseados) se le asignen al rival más riesgo produce, cuanto más intimidad o cercanía se presenta también mayor es la percepción de riesgo.</p>
<p>El celoso tiende a investir al rival de las características propias de las cuales dudan o carecen y de aquellas que envidia.</p>
<p>Aspecto físico, seducción, signos exteriores de éxito y tantos otros atributos que potencian la reacción.</p>
<p>La tensión se produce entre la certidumbre de que hay un ser deseado por la pareja y la percepción de que uno no es ese ser en forma completa. Por eso es que el argumento central que justifica los celos se construye desde una narración propia, que a veces nada tiene que ver con las expectativas reales de la propia pareja.</p>
<p>Se dirá que esto es irracional y antojadizo y que bastaría conocer las necesidades satisfechas e insatisfechas del otro para modificar este guión; sin embargo las ideas y certidumbres del que padece los celos poco tienen que ver con la racionalidad. La historia que construye se siente y piensa como absolutamente cierta.</p>
<p>¿Pero que sucede cuando el o la rival tiene atributos reconocidos como evidentemente inferiores a los estándares físicos, culturales o socioeconómicos? Aquí los celos adquieren un contenido rabioso, al tiempo que la autoestima sufre un duro golpe.</p>
<p>Si se lo piensa no es incongruente, porque uno estaría más dispuesto a entender el interés por alguien que otros admiran, envidan o desean, pero difícilmente cuando el elegido por el ser amado es notablemente inferior a la visión que tenemos de nosotros mismos.</p>
<p>Los celos son extraños, porque no solo se limitan al presente, hay personas que son capaces de experimentar fuertes celos retrospectivos cuando recuerdan hechos, escenas o experiencias del pasado. Esto podría ser entendido a pesar del paso del tiempo y de la falta de actualidad de la experiencia, si acaso la persona hubiese estado involucrada y por ello padecido, sin embargo también ocurre que estos celos se producen en torno a momentos de la vida, en que estas dos personas ni siquiera se conocían. Los celos por las  ex parejas son un ejemplo de esta reacción.  Una terapia  paradigmática que recuerdo da cuenta de este estilo:</p>
<p>Comenzamos las entrevistas con José (41 años), con un motivo específico, la angustia que le producía el pasado de su mujer.</p>
<p>-Yo miro mi pasado y el pasado de mi mujer, no puedo dejar de pensar y mirar, eso es lo que me produce dolor y conflicto.</p>
<p>Ambos, él y su mujer, tenían un pasado complejo en términos de las experiencias por las que habían transitado, pero la diferencia profunda estaba en el tipo de historia.  Para ella lo demarcatorio había sido una experiencia traumática de abuso sexual reiterado durante su adolescencia de la cual había salido por sí misma, sin relatarlo a nadie y sin pedir ayuda.</p>
<p>Para él, en cambio, el trauma provenía de un escándalo sexual en el que se había visto involucrado con una alumna de la escuela técnica en la que hacía clases.</p>
<p>“Fue el dolor más profundo de mi vida; ella era menor, pero yo la amé. Fui estigmatizado y tuve que cambiar de actividad”</p>
<p>Cuando conoció a su actual mujer su vida emocional empezó a reorganizarse; se relataron ambos su pasado, sus pesares, sus traumas. No se ocultaron nada, ese fue su pacto y también la razón del conflicto, porque José entendió y asimiló la experiencia traumática de su esposa sin sancionarla, tanto como ella lo hizo con la de él.  Sin embargo lo que lo obsesionó fue el negativo de su propia historia, porque el primer amor que ella había tenido, su pareja más significativa fue con un hombre casado. Esa relación duró cerca de cuatro años.</p>
<p>Esta revelación instaló en José poderosos celos retrospectivos, la sancionó y condenó.</p>
<p>“Se me cayó al suelo la idealización que sentía por ella”</p>
<p>La sanción moral se proyectó en una mirada obsesiva sobre los comportamientos de su esposa, en una calificación de lo que era adecuado y correcto, y como ella no tenía ninguna intención de aceptar sus controles ello generaba distanciamiento y discusiones.</p>
<p>Más de una vez he escuchado a pacientes quejarse con amargura de una apresurada confesión sobre eventos amorosos pasados, realizada con algo de inconsciencia en el principio de una relación y que después, cuando esta se consolida aparece como un lastre.</p>
<h3><em>No pretendo producir un debate –poco útil por lo demás- sobre lo que debe y no debe ser dicho sobre la propia vida a un otro, el que podría juzgar con sus propios criterios morales lo revelado; eso sería caer en un facilismo utilitario del tipo: ¡Cuidado, todo lo que digas puede ser usado en tu contra! Ni tampoco afirmar rígidamente: Di la verdad, nada más que la verdad y solamente la verdad.</em></h3>
<p>Lo que deseo<strong> </strong>dejar en claro es que la mente individual<strong>,</strong> en conexión con sus experiencias, acomoda en forma especial cualquier contenido y le otorga sentidos diferentes. Cuando se cuente un hecho del pasado, hay que tener en cuenta que lo que parece algo superado para uno, puede generar en el otro un torrente de emociones. Hay ciertas áreas especialmente sensibles, entre ellas están las experiencias sexuales. Por lo demás, el pasado nunca se entierra, ni nada se olvida en forma absoluta, permanece en algún lugar, y puede ser actualizado. Esto es especialmente cierto en el caso de los celosos, capaces de imaginar múltiples escenas de las que solo tienen elementos sueltos, pero que pueden combinar en historias que con el paso del tiempo se hacen cada vez más consistentes.</p>
<p>Las fantasías negativas, como las que obsesionaban a Iván, pueden destruir lentamente un buen encuentro amoroso. El y su pareja consultaron después de tres años de matrimonio. El problema radicaba en que paulatinamente Iván se estaba enredando en comparaciones constantes entre él mismo y el ex marido de Carolina.</p>
<p>Aunque ella le bajara el perfil a la historia: porque como decía “no es que mi ex haya sido tan especial, por el contrario era más bien fome”, Iván insistía.</p>
<p>El punto de conflicto llegó cuando en plena relación sexual, el comenzó a pasarse “rollos” acerca de los recuerdos de Carolina con su ex marido, lo que le producía desconexión y ansiedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El perro del hortelano.</strong></p>
<p>La leyenda de esta narración, por todos conocida, se centra en aquellos que no comen ni dejan comer. En este caso lo que predomina es el rencor; es probable que todos los signos presentes en esa pareja los muestre distantes, desafectivizados, sin vida sexual; sin embargo uno de los dos se obsesiona en controlar las acciones del otro, particularmente aquellas que demuestran interés por otra persona.</p>
<p>“Si yo no soy feliz, tu tampoco lo serás”</p>
<p>El ejemplo más acabado de este estilo, donde se combinan la obsesión, los celos retrospectivos y el resentimiento,  lo brindaba una paciente de 31 años, casada hacía ocho.</p>
<p>Cuando consultaron en pareja, Valeska definió su relación como fraternal.</p>
<p>-Entre nosotros no pasa nada atractivo. Tenemos relaciones de tanto en tanto como por hábito.</p>
<p>Valeska aparecía como una mujer dominante y terca, las decisiones familiares relevantes pasaban por ella. Siempre había actuado de esa manera, inclusive con su familia de origen donde nada se hacía sin su aprobación explícita.</p>
<p>Para Paulo no había opciones:</p>
<p>-O acato lo que dice o la enfrento, pero no puedo hacerlo, así que me callo y me meto para adentro.</p>
<p>Que mejor definición para entender lo que representa una posición pasivo agresiva, la rabia contenida y el resentimiento también marcaban las emociones de Paulo, lo que se reflejaba en su mayor distanciamiento afectivo.</p>
<p>En la vida de esta pareja existió una experiencia que marcó un antes y un después en la relación. La despedida de soltero de Paulo, en la que “alguien comentó” que él había mantenido relaciones sexuales con una “bailarina erótica”. Nunca se supo como ella accedió a esta información supuestamente verdadera que por supuesto él  negó siempre.</p>
<p>Según Valeska “algo se quebró”:-Perdí tolerancia y amor por la falta de lealtad.</p>
<p>Los reproches por esa traición se hicieron una constante en la vida de ambos, ella parecía alerta y preparada para detectar señales; cada vez que ambos concurrían a un evento social se generaba una escena conflictiva por la atención que-según ella- el brindaba a otras mujeres.</p>
<p>Ante situaciones tan cerradas, surge la pregunta: ¿Por qué continúan en esa relación tan dañina para los dos? La lógica del sentido común no ofrece respuestas, la explicación de un lazo que persiste para cobrar una ofensa que nunca será saldada se inscribe en la dinámica de un resentimiento inagotable. Cada vez que Paulo intentaba salir de la relación, ella lo acusaba por su falta de compromiso, por su ausencia de amor. La culpa y la pasividad lo paralizaban y el ciclo se reiniciaba.</p>
<p><strong>Ráfaga de celos</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiene tres elementos es una reacción inusual e inhabitual, es extrema, implica una pérdida de control y deja una sensación de ataque de locura transitoria.</p>
<p>Se puede entender desde el punto de vista neurofisiológico, como una información que pasa directamente desde el tálamo a los centros cerebrales responsables de la expresión emocional sin ningún tipo de censura racional.</p>
<p>Es una respuesta directa, automática y visceral, que lleva a la actuación explosiva y a fenómenos expresivos, como el llanto, los gritos, los insultos y hasta gestos brutales.</p>
<p>-Yo he tratado casi todo para adquirir algo de control sobre la forma que reacciono, pero nada resulta, no creo que pueda vivir mucho más con este dolor.</p>
<p>Una mujer recientemente separada, se enteró de que su marido había comenzado a salir con su mejor amiga, a partir de este momento comenzó a tener fantasías intermitentes en las que se veía armada de un enorme martillo con el destrozaba todos los enseres, muebles y vidrios del departamento de su amiga.</p>
<p>Aunque para la mayor parte de nosotros estas emociones negativas de dolor y angustia no atraviesan los límites hacia las acciones violentas.</p>
<p>Pero cualquiera que haya experimentado celos intensos está bien consciente de su tremendo poder destructivo.</p>
<p>Frecuentemente las personas responden con resentimiento, rabia, hostilidad, frialdad, aislamiento, susceptibilidad, pero sin embargo el sentimiento predominante responde al hecho de haber sido dejados de lado, excluidos, apartados de un centro de atención afectiva. Prevalece la tristeza sobre las reacciones hostiles.</p>
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		<title>Los celos. Parte tercera</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Mar 2012 14:31:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Celos románticos La palabra “romántico”, evoca de inmediato al amor apasionado, pero en la misma base de este amor se encuentra su perdición, porque se lo siente eterno e inmutable. Todo cambio al ideal original se visualiza como pérdida El amor apasionado es fusional, único e irrepetible. Mítico. La realidad de las relaciones, la vida [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Celos románticos</strong></p>
<p>La palabra “romántico”, evoca de inmediato al amor apasionado, pero en la misma base de este amor se encuentra su perdición, porque se lo siente eterno e inmutable. Todo cambio al ideal original se visualiza como pérdida</p>
<p>El amor apasionado es fusional, único e irrepetible. Mítico.</p>
<p>La realidad de las relaciones, la vida cotidiana con sus múltiples desafíos implica espacios de acción diferenciados para los participantes de la pareja. En esos espacios están los otros y otras que pueden constituirse en una amenaza potencial. Aquí se anidan los celos.</p>
<p>Muchos describen estos celos como extremadamente dolorosos, un sentimiento loco.  Alimentados por la ansiedad de la pérdida de la situación amorosa idealizada.</p>
<p>El amante romántico necesita creer que es único e irremplazable. Sin embargo la dolorosa realidad es que todos somos de algún modo reemplazables, porque fuimos educados en una cultura donde se juegan roles más o menos definidos. Roles que deben saber ser jugados de acuerdo a las reglas y expectativas.</p>
<p>Rol de novia, amante, esposa, madre, amiga. Si en el camino de la pareja alguno de los dos comienza a desistir de su rol, puede aparecer un suplente deseoso de continuar la tarea.</p>
<p>La imagen de ese suplente lleno de atributos de los cuales uno repentinamente carece es el más horrible fantasma de los celos románticos.</p>
<p>En la vida actual de las parejas tanto los celos excesivos como la ausencia de los mismos son situaciones de riesgo. En una pareja, que recuerdo claramente a pesar del paso de los años, el conflicto surgió cuando la esposa descubrió las numerosas infidelidades que el había producido en el último año. Sin buscar excusas por lo que había sucedido, el relataba que en el principio solo había practicado juegos de seducción, muchas veces en presencia de su esposa, con la secreta esperanza de que ella les pusiese límite.</p>
<p>Su ausencia completa de celos fue traducido por el como un evidente desinterés en lo que hacía o como un permiso tácito para seguir adelante.</p>
<p>Los celos nos sirven para mantener a distancia a posibles rivales a través de señales verbales, visuales o gestuales. Nos lleva a prestar atención hacia las actitudes que tiene nuestra pareja con otras personas, pero también es un mensaje que representa interés, compromiso y advertencia ante actitudes de debilidad o excesivo despliegue seductor ante otros. No siempre son rechazados, sino que producen cierto placer secreto porque nos reafirman en el amor que la otra persona siente por nosotros.</p>
<p>En este sentido los celos sirven para mantener la pasión.</p>
<p>Unos días atrás escuche que un amigo decía –Yo no soy celoso, pero si alguien se acerca a él con intenciones seductoras, me pongo a su lado y le planto un beso en la boca ¡Ese es mi territorio y no lo comparto!-</p>
<p>Los celos son y han sido parte de nuestra sabiduría emocional, el desafío, como para casi todo el conjunto de las respuestas emocionales reside en la modulación de las mismas.</p>
<p>Son extremadamente frecuentes: diferentes investigaciones concuerdan en que el 40% de los sujetos afirma haber experimentado celos injustificados en algún momento de su vida, y el 46% los vieron como inevitables cuando una persona ama de verdad a otra. Sólo un 30% se declaró inmune a los celos.</p>
<p>Cada pareja construye el vínculo que los une desde sus propias experiencias y sus específicas características personales, pero además desde los códigos que les demuestran la calidad del contacto, esas conexiones profundas establecen el carácter de los celos que ellos experimentan.</p>
<p>En el curso de una terapia suelo proponerles a los pacientes que piensen en aquella primera vez en que conocieron a su actual pareja y les pido que traten de recordar de la mejor manera que puedan las cosas que sintieron:</p>
<p>¿Qué es lo que más los atrajo? ¿Qué los llevó a pensar que esa persona, a diferencia de otras, podría ser su pareja? ¿Qué es lo más importante que esa pareja trajo a su vida? Seguridad, pasión, atención, respeto. Tal vez ser adorada y deseada, o quizás interrumpió un ciclo de dolorosa soledad.</p>
<p>Después les pido que vuelvan al presente y consideren el componente primario de sus celos, los pensamientos y sentimientos más dolorosos asociados con sus celos o los de su pareja. Les pregunto entonces si son acaso esos pensamientos y sentimientos los que los hacen sentir el miedo a ser abandonados, o acaso humillados  y afectados en su autoestima.</p>
<p>Piensen entonces –les sugiero- si puede haber alguna conexión entre las cosas que la relación les otorgó inicialmente y los componentes primarios de sus celos.</p>
<p>¿Por qué es tan importante esa conexión entre el pasado y el presente para entender y trabajar el núcleo de los celos? Claramente porque los celos crecen como el negativo del amor, su lado B, y esto sucede cuando los sentimientos iniciales se debilitan y de alguna manera alguien se siente defraudado.</p>
<p><strong>De la confianza al control.</strong></p>
<p>Todos o casi todos ejercemos algún tipo de acción posesiva sobre nuestras parejas, algún tipo de control sobre sus acciones, sin embargo el conflicto se establece cuando el control y la posesividad apuntan a anular la vida independiente de la otra persona. De la confianza inicial, donde la independencia no ataca al vínculo sino que lo fortalece, se pasa a la vigilancia de las acciones de la otra persona.</p>
<p>Esta es una situación clásica que se presenta en esas parejas donde las relaciones jerárquicas son la norma de convivencia. La historia es repetida: un hombre dominante, generalmente exitoso en lo económico, junto a una mujer que voluntariamente eligió ser la base de apoyo logística de ese progreso unilateral. Todo funciona en forma aparentemente armónica, hasta que un día a esa mujer se le ocurre que está un poco aburrida de las rutinas familiares y que desea un poco de aire fresco. El marido, magnánimamente, apoya el desarrollo personal de su querida esposa, con una condición interna no revelada. Todo es posible siempre y cuando no afecte ese sistema consolidado con los años. Si ella se entusiasma demasiado y comienza a percibir escenarios y posibilidades personales antes ignoradas, lo más probable es que el disgusto primero y la sospecha después, lleven al amable caballero a convertirse en un desagradable vigilante de las acciones de su esposa. Estos celos no son sexuales, sino que se refieren a un mundo externo que se transforma en un enemigo activo del sistema anterior.</p>
<p>Otra situación clásica que afecta a las mujeres, sucede cuando por diferentes razones se ve afectada la continuidad placentera de las relaciones sexuales. El deseo se ausenta y la intimidad se resiente. Sin duda que este es un problema compartido, pero en lugar de mirar hacia el interior de la relación y encontrar allí las razones del distanciamiento, muchas personas se vuelven suspicaces, crece la desconfianza y se autoconvencen de que “alguien” está produciendo el desplazamiento del interés.</p>
<p><strong> </strong><strong>Manejando los celos</strong></p>
<p><strong> </strong>Los celosos creen que sus celos protegen el amor. Pero como habría de protegerlo si lo desconocen. El amor que el celoso protege esta en su imaginación y es frágil e inconexo. Si el celoso duda, restringe su fe y en lugar de hacer crecer el vínculo paradojalmente lo corroe. Creemos en su buena fe y en sus intenciones, pero lo que verdaderamente desconoce es la fuente de su inseguridad. No se fortalece un vínculo atacándolo sino aumentando sus bases de sustentación. Si los celos representan un reconocimiento de la debilitación de la pareja, representan asimismo una oportunidad de cambio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¿Cómo diferenciar los celos patológicos de aquellos que perturban la vida de las personas, pero son finalmente manejables?</p>
<p>Esta diferencia puede ser aclarada respondiendo algunas preguntas:</p>
<p>¿Son los celos un síntoma de un trastorno psicológico de base, por ejemplo un trastorno obsesivo compulsivo?</p>
<p>¿Son las creencias acerca de los posibles rivales amorosos o de la infidelidad de la pareja obviamente infundadas, irracionales o claramente diferentes de los acuerdos sociales vigentes a cerca de las posibilidades y libertades de cada uno?</p>
<p>¿Son las respuestas celosas fácilmente gatilladas por circunstancias menores, demasiado intensas o se producen a vista y presencia de cualquiera?</p>
<p>¿Son los celos un generador de deseos sexuales intensos o adrenalínicos?</p>
<p>¿Producen estos celos una reacción de intenso sufrimiento personal?</p>
<p>¿Perturban la vida cotidiana?</p>
<p>¿Estos accesos de celos conducen con facilidad a actitudes o gestos de descalificación o violencia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuántas más preguntas sean respondidas afirmativamente, más se acercan estas personas a los celos patológicos.</p>
<p>En ellos y ellas el descontrol se sitúa como rasgo principal, pierden la cabeza, se obnubilan, parecen poseídos por una especie de espíritu maligno que los lleva rápidamente a olvidar los argumentos y pasar a la acción. Son capaces de arrojar, romper, desgarrar o quemar objetos, ropa, o propiedades apreciadas por el o la otra. Empujan, zamarrean, gritan. Son como un oleaje intermitente que de pronto se detiene para seguir con más intensidad. En el límite pueden herir seriamente a la otra persona, la mayor parte de los femicidios son ejecutados por hombres que habían protagonizado con anterioridad escenas de este tipo.</p>
<p>Afortunadamente la mayor parte de las celosas y celosos extremos no llegan a este punto y son o pueden ser beneficiados a través de la ayuda profesional.</p>
<p><strong>Estrategias de cambio.</strong></p>
<p>Hay dos tipos de celosos: los que los que miran las imperfecciones de la relación o de sí mismo, y encuentran allí las razones que justifican la atracción que la pareja puede tener por otros, y los que declaran una absoluta incomprensión por las razones que inclinan a la pareja hacia otros. El primer grupo parece más apto para promover cambios que modifiquen su percepción y su desconfianza, en los segundos su narcisismo actúa como una barrera que les impide entender como es posible esa situación.</p>
<p>Existen diferentes tipo de acciones para trabajar los celos, las primeras son de tipo general y buscan modificaciones en el sujeto o en el vínculo, para que a través de ellas mejore la calidad de la relación de pareja.</p>
<ul>
<li>Reconocer el peso que los conflictos con la propia autoestima pudieran tener en la posesividad y el control que el celoso ejerce sobre la otra persona.</li>
<li>Reconocer las dinámicas y los guiones involucrados en la aparición de la escena de celos.</li>
</ul>
<ul>
<li>Mejoramiento de la relación primaria. El celoso, por regla general, ve negativamente o negativiza el contexto de la relación de pareja, expresa insatisfacción, se siente poco atendido, valorado o deseado.</li>
</ul>
<p>Si se conduce a esta persona a realizar actividades valoradas por la pareja, a ser más atractiva/o físicamente, a disfrutar de actividades en conjunto. Es decir a aumentar la sensación de interés creciente por parte de su pareja, correlativamente disminuyen las tensiones negativas.</p>
<p>El objetivo reside en reforzar los atractivos de la relación primaria para que a través de ellos disminuya el fantasma de la opción externa.</p>
<ul>
<li>Favorecer el diálogo sobre aquellas circunstancias que producen conflicto o tensiones.</li>
<li>Aumentar el compromiso y favorecer la intimidad.</li>
</ul>
<p><sup> </sup>A través del reconocimiento los signos de los celos románticos,  dándose cuenta de que sentimientos son adecuados  e inadecuados,  y a través de la reexaminación de las raíces de nuestros sentimientos, es posible aprender a controlar las manifestaciones y los padecimientos de los celos.</p>
<p>Un segundo tipo de intervenciones terapéuticas se realiza cuando las manifestaciones de celos se escapan de un razonable control. En este caso diseñamos un programa específico por pasos.</p>
<p>El objetivo del tratamiento consistirá en que el paciente sea consciente de la irracionalidad de sus pensamientos, a la vez que aprende estrategias para eliminarlos, que trate de controlar las emociones y los comportamientos asociados a la manifestación de los celos. En general las personas tienen más posibilidades de control sobre el componente externo de los celos que sobre los internos, aunque esto se logra a través de un enorme esfuerzo.</p>
<p>En la base se busca que la persona deje de esgrimir justificaciones y excusas para legitimizar sus celos. De la aceptación se pasa a la crítica de sí mismo, porque no es lo mismo sentir celos que vivir atormentado por ello. Para que la modificación sea eficaz es inmprescindible que la persona asuma la responsabilidad del cambio.</p>
<p>Se trabaja sobre estrategias de control emocional.</p>
<p>Sobre la ansiedad suscitada por las fantasías de pérdida de la relación o el engaño.</p>
<p>Sobre el dominio de la agresividad.</p>
<p>En definitiva sobre todo aquello que hace que el celoso padezca y haga padecer a aquellos a quienes dice amar. En los celos siempre hay un núcleo central relacionado con sentimientos poderosos como el miedo a la pérdida, al abandono o la exclusión; a medida que este núcleo se despliega habrá que enfrentar temores e inseguridades de los que no se estaba alerta ni consciente.</p>
<p>El progreso y la modificación de las características más odiosas que adopta la persona celosa redunda en una evidente mejoría, tanto de su calidad de vida en general como de su pareja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
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		<title>Las redes sociales y el retorno del pasado</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Mar 2012 22:12:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Roberto</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[La Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[facebook]]></category>
		<category><![CDATA[insatisfacción]]></category>
		<category><![CDATA[insatisfacción amorosa]]></category>
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		<description><![CDATA[Las redes sociales han superado toda expectativa posible, Facebook, por ejemplo. en el año 2011 llegó a un millón de seguidores. Con esa expansión, particularmente en Chile, lo inusual es carecer de tu lugar en ese colectivo. Así que es una verdadera tarjeta de identidad más o menos pública, eso depende del nivel de exhibicionismo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial;">Las redes sociales han superado toda expectativa posible, Facebook, por ejemplo. en el año 2011 llegó a un millón de seguidores. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial;">Con esa expansión, particularmente en Chile, lo inusual es carecer de tu lugar en ese colectivo. Así que es una verdadera tarjeta de identidad más o menos pública, eso depende del nivel de exhibicionismo deseado. Y además un excelente medio para canalizar la nostalgia o el recuerdo de quienes fueron relevantes en nuestra vida. ¿Quién no ha tenido la curiosidad de explorar en el Facebook la existencia de antiguos y no tan antiguos amigos, compañeros, pololos, amantes etc. ? Nos preguntamos ¿Qué será de ellos? Como la exploración es silenciosa y no deja trazas nadie se compromete inicialmente, pero activa los bancos de la memoria emocional dando lugar a un proceso que siempre comienza con un secreto.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial;">Para entender este proceso hay que imaginar un contexto, una relación de pareja donde alguno de los dos -o ambos-, perciben algún grado creciente de insatisfacción en el terreno amoroso que se minimiza o elude. Sin hablar explícitamente de ello se va imponiendo una progresiva pérdida de vitalidad, de sorpresa o de romance y a medida que estas carencias se imponen también crece el anhelo por encontrar algo o alguien que active las emociones aplacadas, a pesar de ello es evidente que no todo el mundo va a arrojarse a los brazos del primer ser interesado que se les cruce en el camino, por eso al vagar por Internet, puede surgir de un depósito de memoria un dulce y ardiente recuerdo. </span><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">De pronto, sin saber muy bien de dónde, comienza la nostalgia, el recuerdo de escenas pasadas, de actos inconclusos, de asignaturas pendientes. El o la “ex” reaparece y se instala en el territorio de la fantasía.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial;">Para comprender<a href="http://robertorosenzvaig.cl/wp-content/uploads/2012/03/5486759-de-cerca-de-los-ojos-de-un-investigador-de-la-mujer-en-frente-de-un-monitor-de-la-computadora-en-un-.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-742" title="5486759-de-cerca-de-los-ojos-de-un-investigador-de-la-mujer-en-frente-de-un-monitor-de-la-computadora-en-un-" src="http://robertorosenzvaig.cl/wp-content/uploads/2012/03/5486759-de-cerca-de-los-ojos-de-un-investigador-de-la-mujer-en-frente-de-un-monitor-de-la-computadora-en-un--150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a> psicológicamente este proceso es importante puntualizar que tendemos a recordar con mayor intensidad emocional los sucesos pasados e incompletos que los presentes y que por ello se tiende a añadir detalles que tejen un escenario ideal; la memoria en ese caso actúa tramposamente porque solo recupera los elementos pasionales de antaño, omitiendo precisamente aquellos elementos por los cuales la relación no persistió.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">En esta fase se sienten culpables por haber abandonado aquella pareja, por razones que pudieron haber tenido peso o razón en aquellos tiempos, y que resultan comúnmente catalogadas dentro de algo llamado inmadurez, pero que desde la perspectiva actual se ven absurdas. La tentación de recibir otra oportunidad comienza a percibirse como un imperativo que de salida a la insatisfacción amorosa acumulada.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">El/la ex puede estar en ese momento soltero, separado, o en vías de transición (lo que equivale a decir que colocaría los dos en una situación similar). Cada uno de estos estados puede desembocar en escenarios diferentes, pero con una condición previa, que es la factibilidad y disponibilidad para un nuevo encuentro.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">Todo comienza con un recuerdo que crece en la memoria, y puede continuar con la reactualización de la comunicación y el contacto, muchas veces generado o facilitado por amigos comunes o familiares que se encargan de suministrar la información sobre la situación y el estado emocional del otro: “Siempre se acuerda de ti”, es una frase clave para producir la emergencia de la nostalgia.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">Todo está dispuesto para que el contacto pase de la fantasía a la acción, y que los ex, se encuentren otra vez, cara a cara.  </span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">Luego de este encuentro soñado las posibilidades son múltiples: </span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">Que la relación continúe en el presente, como si solo hubiese ocurrido un largo paréntesis en el vínculo, consolidándose a través del tiempo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">Que se demuestre que los aspectos idealizados eran sueños, y rápidamente llegue la desilusión.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">Que la reunión sea más tierna que amorosa, recuperando la amistad y la intimidad del vínculo pasado.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">Que la pasión sexual inunde la relación, convirtiéndose en amantes.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">Lo más frecuente es que el reencuentro no perdure en el tiempo, y que se revele que el “ex” era más importante a través de la ausencia que en el encuentro concreto. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">Esto es tal vez lo más relevante y se sostiene sobre la infinita capacidad que poseemos los seres humanos para tejer historias, narraciones sobre nosotros mismos con finales múltiples que a veces hacemos realidad, como la actriz del film “La rosa púrpura del Cairo” ( Mia Farow), quien compensa una vida frustrante a través de su identificación con los personajes de un folletín romántico que ve todas las semanas en el cine de su barrio, hasta que se convierte en una protagonista más. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">Realidad y fantasía, deseos y frustraciones se entrelazan en esa historia, sin importar la imposible verdad en ella. Es una excelente metáfora para entender a quienes se sumergen en historias de ese tipo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">O acaso Andrés (una persona real) se preguntó alguna vez porque razón se involucró con su ex polola de la adolescencia, cuando llevaba cinco años de casado, con su esposa embarazada de seis meses, por la que según él sentía un profundo cariño. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">No se está allí ante un episodio de infidelidad simple, aunque sabemos por experiencia que muchos varones buscan relaciones sexuales extramaritales durante el embarazo de su pareja.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">Para él y tal vez para otros similares, la crisis entre el compromiso simbólico que significaba su paternidad y el retorno a un amor adolescente que lo liberaba de ese peso, lo colocaba en una posición incompatible. Su relato lo mostraba convencido de que la vida le estaba ofreciendo una oportunidad única de volver “a su verdadero amor”</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">¿Y quién podría ser capaz de convencerlo de que eso era una ilusión?  Una fuga de una responsabilidad que sentía como opresiva.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">Retornar al amor adolescente es sentirse adolescente. Por ese acto se pone entre paréntesis la vida presente y se produce una inmersión psicológica en una trama romántica. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES">La novela de lo imposible a veces tiene un final feliz, como le sucedió a Elizabeth, que luego de perder a su esposo en un accidente, se sumió en una profunda depresión de la que nada la sustraía. Un año después accedió a viajar con unas amigas a Buenos Aires y en la misma fila para abordar el avión se reencontró con su pareja de la adolescencia. La coincidencia también quiso que él estuviese solo en ese momento de su vida. Desde ese momento no se separaron más. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-family: Arial; mso-ansi-language: ES;" lang="ES"> </span></p>
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