El lado B, el sexo y las adicciones
El lado B. Una metáfora. El lado B, del que tanto hablamos no existe, es una metáfora de una segunda voz. Pero existe en la medida en que alguien le da vida, cuando...
Los pacientes que solicitan un tratamiento para superar esta disfunción, que sin duda alguna es una de las más limitantes para acceder a una vida sexual placentera, interrogan a los profesionales acerca de los criterios para considerar normal o alterado su control eyaculatorio.
Como señale en otro artículo de esta página, no es solo el tiempo, medido en minutos, lo que da cuenta de este control, sino la capacidad de ejercer un acto consciente y voluntario para acceder al orgasmo cuando se lo desee ¿Por que me permito ser tan concluyente en esta afirmación? Básicamente porque el control del momento en que se eyacula es voluntario. No debe producirse como una descarga en cortocircuito, pasiva y refleja.
Para definir lo que consideramos una media, dentro de la distribución de la variable tiempo, luego de la penetración, esta se ubica en los varones chilenos entre los 7-10 minutos, considerando un ritmo pausado y no un galope desenfrenado. Como toda distribución hay valores que se ubican por encima hasta 30-40 minutos aproximadamente y otros por debajo desde un minuto aproximadamente.
Si pensamos en un valor mínimo, entre 30 segundos a 1 minuto, luego de penetrar, es evidente que la posibilidad de dar y recibir placer es muy limitada. Es una descarga, generalmente frustrante para ambos, aunque también es cierto que muchos se adaptan de diversas maneras.
Hay parejas que practican lo que llamo “maniobras compensatorias” que consisten en estimular el clítoris hasta que la mujer este a punto de llegar a un orgasmo o hasta que lo logra, para luego penetrar y eyacular. Supongo que para algunos esta escena no produce conflictos, pero para otras y otros, es un menú único que a la larga aburre.
Hay pocas afecciones orgánicas que produzcan EP; uretritis, prostatitis etc., de allí que parece muy relevante conocer las razones por las cuales cerca del 28 por ciento de los varones padecen esta disfunción. Algunos suponen que parte de estas personas tienen una particular constitución neurológica congénita que determina una predisposición fisiológica a eyacular rápidamente en cualquier circunstancia y por cualquier estimulación, destaco este punto, porque la mayor parte de los sujetos eyacula luego de la penetración, superando sin inconvenientes los estímulos manuales u orales. Y, tengámoslo bien en cuenta, que todo problema sexual que se presenta solo en la interacción con otra persona es de base psicológica.
Si cerca de 1 de cada 3 varones tiene-en distintos grados- un problema de control eyaculatorio, solo consultan quienes quieren cambiar y les importa no solo su propia satisfacción, sino también la de su compañera sexual. Los otros seguirán deambulando negando su incapacidad, disimulándola o compensándola.
El grupo de los que desean el cambio nos interesa, y por eso hemos desarrollado un programa de tratamiento específico que apunta a la sanación del síntoma y no a un parche correctivo.
Permítanme un ejemplo para entender esta disyuntiva. Si una persona sufre de fuertes cefaleas (síntoma) y usted, como médico ignora la etiología del problema y por ello no puede encontrar una solución que sane al paciente, todo lo que puede hacer es evitar el padecimiento suministrando analgésicos lo suficientemente potentes para disminuir el dolor, pero la enfermedad seguirá su curso o se volverá crónica. Esto mismo sucede con todo los medicamentos que se utilizan en el tratamiento de la EP, porque ninguno de ellos tiene la capacidad para curar la disfunción, sino solo retardar la eyaculación mientras se los tome, porque si luego se los suprime el descontrol volverá a producirse como antes. Como en verdad los laboratorios no han encontrado una terapia original y eficaz, se dan vueltas sobre antiguos o modernos antidepresivos, que al aumentar el nivel de serotonina tienen un efecto retardatario -proporcional a la dosis -sobre la eyaculación, pero que difícilmente sanarán en forma definitiva el síntoma, así que si usted –como paciente- desea tomar antidepresivos el resto de su vida para ampliar el tiempo de duración, puede hacerlo, pero con consciencia de las limitantes y de los efectos secundarios que provoca su uso.
Nosotros, como profesionales, elegimos un camino que pasa por la capacitación del paciente en todas las habilidades necesarias y requeridas para desarrollar un control voluntario y consciente de su respuesta sexual. Eso representa el éxito, no solo sumar minutos, sino también un cambio de actitud que surge de la anulación de la ansiedad, y cuando esto se produce, las personas y las parejas inician un camino de autoafirmación, complementación y descubrimiento mutuo.